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Democracia vs. Libertad

9 de Mayo de 2008. Por Secretarí­a

José Joaquín Fernández*

¿Son la libertad y la democracia sinónimos o antónimos? ¿O son más bien como conceptos independientes que pueden ir de la mano como amigos pero que otras veces son enemigos a muerte? La respuesta a estas interrogantes depende de la claridad de los conceptos que tengamos sobre libertad y democracia.

El primer punto es que la libertad del ser humano es un derecho natural. “Todo ser humano nace libre…” dice el primer artículo de la declaración universal de los derechos humanos. Es decir, la libertad es anterior a la creación de cualquier Estado y el ser humano es libre por naturaleza y no por decisión o voluntad del gobierno, del legislador o de las mayorías. La mejor prueba de que el ser humano es libre es que, si no lo fuera, entonces sería esclavo —de alguien. En términos materiales, ser esclavo significa que la persona no pude disponer libremente de su propiedad libremente adquirida y por tanto el respeto a la propiedad privada y al ingreso honestamente adquirido son expresión de la libertad. Libertad y propiedad privada son distintas caras de la misma moneda. Por eso es que Marx en el Manifiesto Comunista expresa como objetivo último comunista la abolición de la propiedad privada, es decir, de la libertad.

Por otra parte, democracia significa el gobierno de las mayorías, la voluntad de las mayorías. Esto nace como reacción a las monarquías absolutas en donde el gobierno, y por ende la ley, era la voluntad del soberano. Como dijo Luis XIV: “El Estado soy yo”. Sin embargo, la democracia, —el gobierno de la voluntad de las mayorías— implica por definición que ni la libertad individual, ni la propiedad privada, ni la libertad económica son valores o derechos naturales. En este sentido los gobiernos de Hugo Chávez, Evo Morales, Adolfo Hitler, Daniel Ortega, Rafael Correa no son violadores de la democracia sino productos naturales de ella. Ninguno ha entrado por la cocina sino por la puerta grande. El socialismo en la democracia no es usurpación de la libertad individual porque el gobierno de las mayorías no presupone necesariamente la defensa de la libertad individual.

Un corolario de la libertad individual es la libertad económica. Quien es dueño de su ingreso y propiedad honestamente adquirida es libre para comerciar, comprar, vender, alquilar, empeñar, asegurar, prestar, producir, importar, exportar, intercambiar, regalar, recibir, heredar sin restricción de ningún tipo (incluyendo permisos, cuotas, licencias o patentes) con cualquier otro ser humano sin importar nacionalidad o credo religioso. Creer en la libertad individual es demandar el derecho a la libertad económica y al libre comercio por razones morales y éticas.

Por otra parte, quien no cree en la libertad individual sino en la voluntad de las mayorías o en la democracia, somete el libre comercio a referendos o la voluntad del legislador que representa a las mayorías. Quien cree en la democracia, no debe ver objeción a los obstáculos al libre comercio creados por ley bajo la institucionalidad democrática. Creer en la democracia es creer en el derecho a oprimir a otro. Por el contrario, quien defiende la idea de que todo ser humano nace libre no cree ni en fronteras ni en aduanas.

Ya en 1960 en su libro “Constitution of Liberty” escrito por Hayek, quien fuera galardonado con el premio Nobel en Economía en 1974 escribió como la democracia ha fracasado en preservar la libertad individual. Si democracia es el derecho de las mayorías contra la libertad individual, entonces libertad y democracia son valores distintos que se contraponen. Pero no solo Hayek sino autores como Ortega y Gasset en su libro “España Invertebraba” (1921) y Peter Drucker en “The End of Economic Man: The origins of totalitarism” (1939) nos hablan desde mucho tiempo atrás sobre esta contradicción entre libertad y voluntad de las mayorías (democracia).

El ser humano debe defender la libertad individual y no tanto la democracia. En este punto debe quedar claro que hablar de democracia liberal es un absurdo. Tampoco tiene sentido discutir si lo mejor es una democracia presidencialista o una parlamentaria, ni discutir sobre los pesos o contrapesos ni la división de poderes en la democracia porque como dice Murray Rothbard en “For a New Liberty” (1976), es el mismo gobierno decidiendo sobre sí mismo. Lo importante es defender la libertad individual frente al gobierno, a los empresarios y los sindicalistas. La democracia no es un valor, la libertad sí lo es. Como decía Lord Acton: “La libertad no es un medio para un fin político superior. Es en sí mismo el fin político máximo”.

* José Joaquín Fernández es parte del programa doctoral en Economía de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala, posee un Master en Economía Empresarial por la misma universidad y completó el “International Program in Finance and Managerial Economics” en Boston University. Consultor internacional, fue funcionario del Banco Central de Costa Rica, fundador y gerente de varias empresas, miembro del Consejo Permanente de la ANFE y Secretario General adjunto del Comité Ejecutivo del Partido Movimiento Libertario. Actualmente es Presidente del Instituto Libertad y miembro de la Internacional Society for Individual Liberty, entre otras organizaciones. Ha escrito numerosos ensayos en la prensa nacional de Costa Rica sobre temas económicos y políticos y es autor del libro: “Causa de la inflación, cierre del Banco Central y dolarización en Costa Rica”.

La demagogia uruguaya

30 de Marzo de 2004. Por Jorge Borlandelli

demagogia. (Del gr. δημαγωγία). 1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. 2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

La democracia es el mejor sistema de gobierno jamás desarrollado. Es el único que permite el cambio de gobierno en forma pacífica. Es el sistema menos propenso a la agresión a otras naciones. Es el sistema que, cuando funciona con limitación a los principios del Estado de Derecho, mejor protege los derechos individuales. Pero la democracia no es la panacea. La democracia no puede resolver todos los problemas de una sociedad. Tampoco debe intentarlo, porque al intentarlo forzosamente estará atropellando los derechos individuales de algunos ciudadanos. En general, las víctimas suelen ser las mayorías silenciosas y los beneficiados los grupos cercanos al poder. Cuando esta forma de actuar de los gobernantes se vuelve generalizada, la democracia deviene demagogia.

El diputado Abdala contribuye activamente a que nuestra demagogia continúe barranca abajo. Su proyecto de refinanciar el endeudamiento de los empleados públicos es la antítesis de lo que debe ser una ley. Además, por el momento elegido, quedan de manifiesto las claras intenciones electoralistas. La Ley con mayúscula es de aplicación universal, no es un privilegio. El proyecto del diputado Abdala crea una distinción entre ciudadanos A, que reciben la ayuda del resto de la sociedad para paliar su situación de endeudamiento y ciudadanos B, que endeudados o no deberán arreglárselas como puedan, tengan o no trabajo. El proyecto del diputado Abdala es además paternalista en su máxima expresión. ¿Cree el diputado saber mejor que los propios involucrados hasta qué punto les conviene o no endeudarse? ¿Conoce acaso cada situación particular?

Por si todo lo anterior fuera poco, el diputado Abdala sugiere para financiar este privilegio que se usen los fondos de las AFAPs potenciando, de este modo, su contribución a la demagogia uruguaya. Los fondos de las AFAPs son de nosotros, los trabajadores del sector privado. Justamente, para que no fueran manipulados nuestros ahorros por los gobiernos de turno se crearon las AFAPs. De hecho las AFAPs ya tienen demasiadas restricciones que comprometen su objetivo de proveer una rentabilidad adecuada para los ahorros provisionales de los trabajadores como para que el diputado Abdala agregue otra. En definitiva, esperemos que, para no seguir cayendo en las profundidades de esta demagogia, el ministro Ec. Isaac Alfie ponga el proyecto del diputado Abdala donde corresponde: en la papelera.