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La demagogia uruguaya

30 de Marzo de 2004. Por Jorge Borlandelli

demagogia. (Del gr. δημαγωγία). 1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. 2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder. Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

La democracia es el mejor sistema de gobierno jamás desarrollado. Es el único que permite el cambio de gobierno en forma pacífica. Es el sistema menos propenso a la agresión a otras naciones. Es el sistema que, cuando funciona con limitación a los principios del Estado de Derecho, mejor protege los derechos individuales. Pero la democracia no es la panacea. La democracia no puede resolver todos los problemas de una sociedad. Tampoco debe intentarlo, porque al intentarlo forzosamente estará atropellando los derechos individuales de algunos ciudadanos. En general, las víctimas suelen ser las mayorías silenciosas y los beneficiados los grupos cercanos al poder. Cuando esta forma de actuar de los gobernantes se vuelve generalizada, la democracia deviene demagogia.

El diputado Abdala contribuye activamente a que nuestra demagogia continúe barranca abajo. Su proyecto de refinanciar el endeudamiento de los empleados públicos es la antítesis de lo que debe ser una ley. Además, por el momento elegido, quedan de manifiesto las claras intenciones electoralistas. La Ley con mayúscula es de aplicación universal, no es un privilegio. El proyecto del diputado Abdala crea una distinción entre ciudadanos A, que reciben la ayuda del resto de la sociedad para paliar su situación de endeudamiento y ciudadanos B, que endeudados o no deberán arreglárselas como puedan, tengan o no trabajo. El proyecto del diputado Abdala es además paternalista en su máxima expresión. ¿Cree el diputado saber mejor que los propios involucrados hasta qué punto les conviene o no endeudarse? ¿Conoce acaso cada situación particular?

Por si todo lo anterior fuera poco, el diputado Abdala sugiere para financiar este privilegio que se usen los fondos de las AFAPs potenciando, de este modo, su contribución a la demagogia uruguaya. Los fondos de las AFAPs son de nosotros, los trabajadores del sector privado. Justamente, para que no fueran manipulados nuestros ahorros por los gobiernos de turno se crearon las AFAPs. De hecho las AFAPs ya tienen demasiadas restricciones que comprometen su objetivo de proveer una rentabilidad adecuada para los ahorros provisionales de los trabajadores como para que el diputado Abdala agregue otra. En definitiva, esperemos que, para no seguir cayendo en las profundidades de esta demagogia, el ministro Ec. Isaac Alfie ponga el proyecto del diputado Abdala donde corresponde: en la papelera.