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Entrevista a Julio Vera

27 de Octubre de 2004. Por Secretarí­a

Ignacio Álvarez en su programa “Las cosas en su sitio” entrevista a Julio Vera, candidato a Presidente de la República por el Partido Liberal.

Entrevista a Julio Vera

22 de Octubre de 2004. Por Secretarí­a

Entrevista a Julio Vera, candidato a Presidente de la República por el Partido Liberal.

Por el contribuyente

21 de Octubre de 2004. Por Secretarí­a

Con Julio Vera como candidato, el Partido Liberal tiene como meta «achicar el aparato del Estado» para reducir los impuestos. Entiende que «se trata de un planteo muy claro y conciso», pero que para lograrlo debe acceder al gobierno y alcanzar mayoría parlamentaria. Como eso es evidentemente algo que no conseguirá, apunta a tener «un representante del contribuyente» en el Parlamento. Vera advierte que «todas las leyes son hechas para sacar plata del bolsillo de la gente y supuestamente para favorecer a la sociedad. Nosotros creemos que por lo contrario, es una forma de perjudicar a la sociedad para favorecer a amigos».

Entrevista Julio Vera (Contador, candidato presidencial por el Partido Liberal)

21 de Octubre de 2004. Por Secretarí­a

No estoy en contra de la desigualdad sino de la pobreza

El contador Julio Vera, candidato a la Presidencia por el Partido Liberal, tiene como aspiración lograr una banca en el Parlamento. Su fuerza política propone una reducción de impuestos, la que deberá ser acompañada, dice, de una reducción del número de funcionarios públicos. Reconoce que es una medida antipática, pero considera que es la única forma de reactivar al sector privado y generar puestos de trabajo. Estima que se deben dar oportunidades a los empresarios. La desigualdad no es, para él, una mala palabra, pero está en contra de la pobreza. Lo que sigue es un resumen de la entrevista con LA REPÚBLICA.

MARCELO BUSTAMANTE

—¿CONSIDERA que la propuesta de su partido de reducir el Estado pueda tener resistencia por parte de los funcionarios públicos?

—Eso no se hace porque a uno le guste; se sabe que es una medida antipática, pero partimos de la base de que eso se requiere. Se va a tener que hacer de una manera u otra. Si no, al ritmo de emigración que hay, vamos a tener un país de empleados públicos y jubilados. Se van los jóvenes productivos, y se quedan los más humildes. En Uruguay es muy difícil trabajar, y es muy caro. La única forma de eliminar la tranca del Estado, para así poder bajar los impuestos, es reducir el número de empleados públicos.

Incluso el propio Tabaré Vázquez y Danilo Astori afirmaron en sus campañas políticas que no sería negativo reducir el Estado y hablan de los contratos de obra. Esto hay que aplicarlo desde el que gana mucho y no justifica su trabajo, hasta el que gana menos, y tampoco justifica su trabajo. Sabemos que los empleados públicos que no se ganen el sueldo no nos van a votar, pero habrá otros, que hacen el trabajo de dos o tres y cobran por medio, esos sí, nos pueden votar.

—En muchas ciudades del país, las únicas fuentes de trabajo son los empleos públicos, llámese cuarteles, hospitales, comisarías o la Intendencia.

—Aparece el asunto del huevo y la gallina, y por algún lado tenemos que empezar: Nosotros sostenemos que no hay trabajo porque el Estado es muy caro, y éste no debe ser una fuente de trabajo. Tener tanta gente en un cuartel es algo opinable, pero, en la comisaría y el hospital, son cosas necesarias. En principio uno no mira esos lugares para reducir el Estado, pero la Intendencia sí. Se ha transformado deliberadamente en una máquina de dar trabajo, por el famoso clientelismo. Eso tiene que parar. Cuando se reducen los impuestos, el sector privado reacciona y los puestos de trabajo aparecen.

—¿A qué ciudadanos pretende representar a través del PL?

—Al grupo de gente que paga impuestos, y que se siente asfixiada por el Estado. A muchos que tienen un taller o un quiosco les duele que la mitad de lo que ganan por el trabajo tienen que dársela al Estado, y que no reciben nada a cambio. Hoy quienes más se beneficiarían de una reforma o revolución serían los más necesitados.

—¿Cómo se financia el PL?

—Por aporte de los miembros. Vamos a presentar una declaración jurada afirmando que en la campaña electoral se gastaron unos U$S 50 mil. Ese dinero fue aportado entre unas 15 personas.

—¿Considera que debería legislarse acerca de las contribuciones financieras a los partidos políticos?

—Mi opinión es que el Estado no debería financiar a los políticos. Las subvenciones terminan siendo lo opuesto de lo que dicen ser. Ahora con el asunto de la subvención de Larrañaga se dice que esto democratiza la política, y que el político necesita de ese apoyo porque deja sus actividades privadas y si no de qué vive. Estas subvenciones lo que hacen es aristocratizar la política: que ayudan a quien está instalado y tiene todo un aparato que lo apoya. Es importante que el ciudadano no tenga que cargar con la campaña política. Es importante que los uruguayos nos saquemos de la cabeza la creencia de que una persona rica significa un ladrón. Me parece mal que todos los ciudadanos estén financiando a señores que son ricos y se dicen pobres. Con el subsidio, los pobres terminan ayudando a los ricos.

—Usted en lugar de Larrañaga ¿hubiera aceptado él subsidio?

—Nunca en la vida lo hubiera solicitado. Esto es como aquellos que se quejan porque le dan un porcentaje del sueldo al partido político al que pertenecen, ese es su problema, pero no estoy obligado a financiar a su partido. Si soy parlamentario, no voy a cobrar $ 10 mil pesos para publicaciones, nadie puede gastar ese dinero, teniendo Internet y la mejor biblioteca del país.

—¿Qué importancia le da a los debates?

—No creo que sean necesarios, pero son útiles. Toda la ciudad tapizada con carteles diciendo: Sí al debate. Como si fuera un fin en sí mismo para la sociedad. Esto es como un partido de tenis. Sale, si los jugadores son parejos. Si hoy hay un candidato que tiene 20 puntos por encima del otro, lo razonable es que no acepte debatir.

—¿Considera que su partido puede tener un espacio en el próximo Parlamento?

—Estamos muy esperanzados en que vamos a llegar. Tenemos que pelear con lo que llaman voto útil. Larrañaga dice ser el único contendiente que tiene la izquierda. Es un error de concepto. Peleamos con el concepto de que todo voto que no sea a la izquierda favorece al balotaje. Contra eso peleamos todos, desde Stirling para abajo. También peleamos contra quienes desean votar al PL, pero tienen miedo de que ese voto se pierda. Tenernos una respuesta muy válida. Una banca sola no cuesta 20 mil votos, porque está el tema de los restos. Si uno obtiene 12 mil votos, es muy difícil que no tenga una banca. Por eso le decimos a los liberales que tenemos que hacer fuerza porque se puede llegar al Parlamento.

—Se suele decir que el liberalismo desprotege a los más pobres y que los deja librados a la suerte del mercado.

—Esto puede tomarse como una acusación de que los liberales somos menos sensibles que los otros, y que nos importa menos la gente necesitada. Somos tan enemigos de la pobreza como todos. La pobreza no se combate con regalos, no se le puede dar sueldos a la gente por ser desocupada, por la sencilla razón de que el Estado no tiene recursos, y que para pagar ese dinero, se lo tiene que sacar a los ocupados. Si les dan sueldos a los desocupados, los ocupados se van a dar cuenta de que es más negocio no trabajar. Para atacar la pobreza es necesario dar más oportunidades a ciudadanos que pretendan invertir. El empresario no es el gordo con el parche y el habano, sino que el que tiene un quiosco y quiere poner un exhibidor, y el que tiene una chacra y pretende tener más vacas. No estoy en contra de la desigualdad, estoy en contra de la pobreza. El que tiene iniciativa, empuje y audacia y no se le permite adueñarse del fruto de su trabajo no va a tomar riesgos. El que los toma es para hacer una diferencia y es totalmente lícito.

—¿Pidieron espacios en los medios de comunicación y al Estado para poder dar sus mensajes?

—Lo pedimos formalmente a través de una carta en la Corte Electoral. Creemos que es una injusticia y una inconstitucionalidad que sólo los partidos con representación parlamentaria tengan acceso a minutos en el canal oficial. Incluso, hay un partido, con tres bancas, que ha funcionado como si tuviera representación parlamentaria y no la tiene: el Partido Independiente. Con respecto a Andebu, pueden hacer lo que quieran porque son privados. Pero el Estado tiene que tratar a todos los ciudadanos por igual, pero además, cuando son los mismos que votan, excluyen deliberadamente al resto de los partidos, me parece una grosería.

—¿Qué temores y virtudes podría tener un próximo gobierno de izquierda?

—Mi temor, es que las libertades individuales puedan verse comprometidas. No digo que esto vaya a pasar, pero no tengo garantías. Si miro los estatutos de los partidos dominantes en la izquierda, se declaran marxistas-leninistas, lo que no es ser demócrata-republicano. No digo que vayan a llevarse a los niños para Cuba, tal vez, que uno no pueda leer lo que quiera o intervengan canales de televisión. Creo que la izquierda se va a comportar como una izquierda moderna y no va a poner en juego esos elementos tan queridos para todos los uruguayos. En caso de balotaje tendremos que negociar con ambos partidos, y los apoyaremos si lográramos incorporar sugerencias nuestras en su programa. En el caso del Frente Amplio solicitaremos que se respete la democracia republicana representativa que establece la Constitución.

Como hecho positivo, si gana Vázquez, es que se acaba el mito: La izquierda ha crecido como agua contenida por un dique, y está llegando a una situación extrañísima, que ni siquiera estaba considerada por la Constitución, de poder ganar en primera vuelta.

El sistema político está diseñado para que nadie gane en primera vuelta, y resulta que hay un partido que llega. Es importante que la izquierda gobierne, porque podría darse una renovación del aparato del Estado, principalmente en los mandos medios, lo que puede llevar a una ruptura del clientelismo.

No le asusta el acertijo

11 de Octubre de 2004. Por Secretarí­a

Julio Vera quiere un diputado para el Partido Liberal

Escribe Horacio Silva Oneglia

La pequeñez numérica no arredra a Julio Vera, candidato a Presidente de la República por el Partido Liberal. El 31 de octubre estará allí, en el acertijo electoral, confiando en el discurso de los hombres y mujeres a los que el Estado pesa demasiado. Pero, además de esto, nos dijo lo que sigue.

—¿Cuál su lucha de todos los días? ¿Cómo puede prosperar un partido casi desconocido para los uruguayos?

—Lo de “desconocido” lo dejo en suspenso. Ya tenemos dos años de vida. Lo que pasa es que el trámite de inscripción y reconocimiento ante la Corte Electoral nos llevó uno y medio.

—O sea que fue fundado —y existe como tal— hace dos años.

—Eso es lo que cuenta para nosotros. Lo que pasa es que para participar en las elecciones tuvimos que cumplir una registración que recién terminó en enero de este año.

—¿Porqué demoró tanto? ¿Por dejadez de la Corte o porque no le gusta que vengan partidos nuevos?

—Un poco por las dos cosas. Básicamente, por burocracia; pero creo que también hay bloqueo, ya que la Corte, como se sabe, está integrada por hombres de los partidos que participan en la elección. La acción de la Corte parece apuntar, más que a cualquier otra cosa, a la legalidad formal de las elecciones, pero como también tiene, entre sus cometidos, estudiar a los nuevos grupos, se convierte en juez y parte.

—Los partidos viejos analizan si corresponde dar entrada a los partidos nuevos.

—Con lo cual tienen en las manos el poder de decidir si dejan entrar a sus competidores. Pienso que, por mejor voluntad que pongan, algún resquemor van a tener. Sobre todo el señor Renán Rodríguez, con quien no tuvimos la más mínima oportunidad de conversar en un año y medio.

—Su padre, don Renán, fue reserva moral del Partido Colorado y presidente de la Corte a su vez.

—Ajá. Pero el hijo es Presidente de la Comisión de Asuntos Electorales y, por eso, todo el mundo nos decía que teníamos que hablar con él. Pero no pudimos hacerlo en un año y medio.

—¿Cómo solucionaron, entonces, el problema?

—Dimos con otros ministros de la Corte, que también integraban esa Comisión, y las cosas salieron adelante: un año y medio para cumplir un trámite que, con mucha lentitud, no podía demorar más de dos meses. Justo: a Lissidini le llevó dos meses.

—Pero tuvo otros inconvenientes.

—Tuvo, pero tardó dos meses. Y Lissidini no tenía motivos para que lo trataran mejor que a otros.

—Al contrario.

—Pero bueno, como era político… vaya uno a saber. O a lo mejor, como estaba cerca de las elecciones, tenía que salir sí o sí. De lo nuestro, nunca sabremos la causa.

—¿Nació en Montevideo, Vera?

—Sí, señor. Soy contador público, tengo 43 años y realicé en Madrid un posgrado en Dirección de Empresas. Viví tres años en España e Italia, y regresé al país hace quince. Trabajé como profesional independiente, he sido empresario algunas veces y empleado otras tantas. También hice algo de actividad pública en los tiempos del Cr. Conrado Hughes.

—Director de OPP durante una parte del gobierno del Dr. Lacalle.

—Exacto. Allí fui Director de Cooperación Internacional. Pero estuve poco: no más de un año. Hughes me llamó para que lo acompañara y lo hice, pero cuando él se fue, me fui yo.

—¿Por qué volvió al país? ¿No le servía trabajar afuera?

—Yo en Europa estuve siempre con la idea de volver. Allá, más que nada, hice mi posgrado, paseé un poco y trabajé bastante.

—Me refiero a si usted era el típico inmigrante que se iba con una mano atrás y otra adelante.

—No. No era de esa franja. Me fui por estudios… y por espíritu de aventura.

El que no es reelecto, que vaya para su casa

11 de Octubre de 2004. Por Secretarí­a

Nada de subsidio

Escribe Horacio Silva Oneglia

—¿Qué línea teórica de votantes tiene el Partido Liberal: comerciantes, industriales, profesionales universitarios, gerentes, familias de Carrasco y Punta Carretas?

—Nuestra propuesta puede resultar atractiva a esa franja de personas, pero también pensamos que a muchos jubilados y empleados públicos que están hartos de que se los considere zánganos cuando no lo son. También podemos atraer a muchos desocupados, porque nuestro planteo implica oportunidades de trabajo.

—¿La solidaridad con los pobres?

—Nosotros no empleamos ese lenguaje. No porque no nos preocupen tanto o más que a los otros, sino porque la forma de combatir la pobreza está en las oportunidades, no en las dádivas. Tienen que ser los propios uruguayos los que las generen, porque ya lo hicimos en otros tiempos del país.

—¿Qué apoyo han tenido y cuáles son sus perspectivas para dentro de veinte días?

—Nosotros participamos en la interna del 27 de junio con tres candidatos. Uno de ellos fue el Dr. Ramón Díaz, otro el señor Curotto, cuya agrupación se llama “Corriente Empresarial”, y el otro fui yo, que alcancé el 76% de los votos.

—¿Cuántos fueron?

—Muchos o pocos, según se mire. Superamos los mil votos en las internas, pero ojo, partimos de cero. Nos hubiera gustado tener más, pero, pasado el primer impacto del “son pocos”, dedujimos, al compararnos con el medio, que mil votos, en las internas, son suficientes para echar un cimiento y construir un camino hacia el Parlamento, que es nuestro objetivo político en estas elecciones.

—Difícil para Sagitario.

—Sin duda, pero estamos en esto dispuestos a perder. Todo lo que hemos hecho ha sido a pérdida, gastando plata, tiempo y prestigio, enfrentándonos a un montón de personas poderosas.

—¿Creen en la chance de acceder al Parlamento?

—Sí, creemos que tenemos chance, y estamos poniendo todo de nosotros para llegar.

—Parece ser, incluso, parte de la filosofía liberal. Una apuesta, en el buen sentido, claro.

—Exacto; es la mentalidad del empresario. Quien quiere lograr algo tiene que correr riesgos. Los políticos son los que han intentado quitar esa dosis de riesgo. Representar a los ciudadanos es un honor, pero implica costos. Mucho más costos que quedarse cómodamente sentado en la casa.

—¿En qué ve esa “eliminación de riesgos” tejida por los políticos?

—Los políticos —y lo decimos en nuestra plataforma— tienden a votar leyes que les hacen más segura su vida política. Eso atenta contra la Constitución, porque si una masa de personas puso en su lugar a un pequeño grupo para que la represente, no puede estar votándose leyes que lo favorecen, como el subsidio de Larrañaga.

—Le iba a preguntar sobre eso…

—El caso de Larrañaga no es más que un capítulo dentro de un tema general en el que están envueltos todos los que hacen política. No es demasiado relevante en términos de plata, pero sí cualitativamente. El único rédito de la carrera parlamentaria tendría que ser sólo el emocional. El que quiere hacer fortuna, que no se dedique a la política.

—Claro, pero pregúntese de qué va a vivir el hombre si no tiene ese subsidio.

—Pregúntese usted, mejor, de qué vive el profesional al que contratan para hacer un trabajo y después no le pagan… ¿De qué van a vivir todos los desocupados, sin ir más lejos? Si yo juego a ser senador o diputado sé que, si no me eligen de nuevo, me tengo que ir para mi casa.

—Hay malos perdedores.

—El votante del Partido Liberal sabe que nosotros vamos a pelear contra esas cuestiones simbólicas, como los diez mil pesos mensuales que cobra cada parlamentario para publicaciones. ¿Por qué? ¿Por qué ha de tener licencia cuántas veces quiera y la cobran el titular y el suplente? Son leyes que ellos mismos se votaron.

—Está bien. Suerte, entonces. ¿Quién es su compañero de fórmula?

—Es un licenciado, profesor de finanzas, que se llama Jorge Borlandelli. Todo un referente en economía, ni qué hablar.