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Nunca estuvo tan claro el camino

13 de Diciembre de 2007. Por Jorge Borlandelli

JORGE BORLANDELLI

A principios de los noventa, ante la inminencia de un tratado de comercio —la omisión de la palabra “libre” es intencional— entre Argentina y Brasil, el gobierno uruguayo resolvió incorporarse al proceso que culminó con la creación del MERCOSUR. Las voces que en su momento defendían el camino de la apertura unilateral, camino que en los años setenta y ochenta había elegido Chile, apenas eran audibles. Sin embargo, el argumento a favor de la opción chilena es irrefutable: un país pequeño tiene que ser, si quiere alcanzar niveles altos de crecimiento económico, muy abierto. Compare usted el índice de apertura —(exportaciones + importaciones) / PBI— de los países pequeños que han alcanzado niveles de PBI per cápita superiores a US$ 20.000 anuales o cuyo PBI haya estado creciendo a tasas superiores al 6% promedio durante los últimos quince años, con el índice de apertura de Uruguay. Verá el enorme desafío que enfrentamos. ¿Es el MERCOSUR suficientemente abierto al comercio como para generar los incentivos para que Uruguay crezca rápido? La respuesta es un no rotundo.

A quince años del ingreso al MERCOSUR los resultados están a la vista. El comercio con el MERCOSUR está estancado y sólo crece el comercio con el resto del mundo, en bienes como en servicios. Los socios del MERCOSUR, si nos han contagiado algo, nos han contagiado sus periódicas crisis. Hoy, por si fuera poco, Argentina nos quiere convencer de las bondades de su corporativismo y su xenofobia como orientadores de la política económica y de la política exterior. Brasil, por su parte, quiere manejar los destinos del MERCOSUR a través de su Parlamento. La propuesta presentada la da la mayoría absoluta de votos, ignorando a los países de menor población.

Nunca estuvo tan claro el camino y gracias al contexto económico internacional nunca hubo mejor momento para tomar la decisión que no nos animamos a tomar hace quince años. ¿Será fácil el camino? Claro que no. La apertura comercial unilateral requiere también una reforma profunda de nuestro sector público, ciertamente no como la que el actual gobierno tiene en mente, la que apenas roza los graves problemas que arrastra desde hace décadas. Sin esa reforma, no podremos bajar los impuestos que hacen poco competitiva a nuestra economía y por lo tanto poco atractiva para la inversión y la creación de puestos de trabajo. ¿Desperdiciaremos otra gran oportunidad?

Oro negro, ¡privado por favor!

15 de Noviembre de 2007. Por Federik von Hagen

Federik von Hagen

Como corresponde, los commodities obedecen al juego de la demanda y la oferta, a la auto-regulación por parte del mercado. Dada la reciente carrera del oro negro por la marca simbólica de los 100 dólares, vale la pena dar una mirada detallada a ambos factores mencionados.

Comenzando por la demanda, resulta claro que el petróleo es requerido hoy más que nunca: el mercado chino no cesa de aumentar su consumo desenfrenado y el consumidor más grande del mundo, Estados Unidos, tampoco muestra indicios de abandonar su vicio. Más allá del desarrollo e implementación de tecnologías alternativas, la tendencia del consumo creciente de petróleo es clara y todo parece indicar que se marcarán nuevos récords, año a año, durante las próximas décadas. Esto ya explica el alto precio del petróleo: la demanda supera significativamente a la oferta.

Ahora bien, ¿por qué la oferta no creció paralelamente a la demanda? Muchos especialistas argumentan que la turbulenta situación en el Medio Oriente, donde se encuentran los mayores exportadores de crudo, es el factor principal que pone en peligro la oferta. Si bien es correcta esta apreciación, refleja únicamente en el grado de especulación contenido en el precio del petróleo.

El verdadero factor de una menor oferta, real y actual —es decir, libre de especulaciones y sin basarse en posibles desenlaces de futuro— se obtiene al analizar quién domina la producción petrolífera y quién ejerce los derechos sobre los yacimientos; es decir, al determinar quién ofrece el producto. Es allí donde nos topamos con un panorama desolador: hoy en día, más del 60% de la producción mundial es suministrado por empresas estatales y las mismas tienen en su poder casi el 90% de las reservas globales, casi sin excepción en forma monopólica o eventualmente en condiciones de un mercado pseudo-libre. Es un hecho entonces, que estos gigantescos consorcios nacionales —ya sea Saudi Aramco, Gazprom o la más cercana PDVSA— no reinvierten lo necesario para asegurar la constante satisfacción de la demanda mundial, o no poseen el know-how necesario.

Por un lado, no tienen los medios para realizar inversiones que rondan los miles de millones de dólares anuales. Por otro lado, tampoco lo necesitan, al tener un monopolio impuesto y defendido legalmente, sin mérito propio. Es la política intervencionista quien los coloca en sus lugares privilegiados. Y la falta de competencia no los obliga a actualizarse continuamente y unirse al sorprendente avance tecnológico que permite un rendimiento mucho mayor de los yacimientos petrolíferos. Resulta ilustrativo observar que desde la asunción de Chávez y su inmediata restricción a las inversiones extranjeras, la producción venezolana de petróleo ha descendido un 20%. O que en Irán la producción está estancada hace décadas. El petróleo se utiliza fundamentalmente como arma política en vez de como medio de obtención de divisas.

Lógicamente, los países que más sufren esta situación son los importadores de petróleo. Nuestro país tiene una carga mortífera de importaciones de crudo, sin mencionar casos más extremos como Europa y Estados Unidos. Y para peor dicha carga se podría ver incrementada en caso de que la obtención de energía mediante las instalaciones hidráulicas se vea en peligro.

Sin embargo, los países exportadores, que actualmente ponen en peligro la economía mundial con su ineficacia administrativa, son los que a largo plazo se verán más perjudicados. El alto precio del petróleo urge a la utilización de energías alternativas que se tornan rentables. La implementación de la energía solar, eólica, nuclear o de cualquier otro tipo es directamente proporcional al precio del petróleo.

En definitiva, la situación actual vuelve a reafirmar la ineficacia de los Estados al intervenir en el mercado y sus severos efectos en el bolsillo y en el bienestar del ciudadano. El futuro de la economía global se pintará de color negro petróleo sin un freno drástico: a los autos o a los populismos y orgullos nacionales de los jeques, de Putin y de Chávez. Quien prefiera la primera opción deberá dar marcha atrás en el tiempo.

Elecciones nacionales: el mundo vota

9 de Noviembre de 2007. Por Federik von Hagen

Federik von Hagen

La tradicionalmente larga campaña electoral uruguaya comienza a rodar. Su primer empujón, hace unos meses ya, fue la negación de una posible reelección por el presidente actual, Tabaré Vázquez. La velocidad aumentó con la consiguiente disputa de poder entre mandatarios frenteamplistas. La oposición siguió el juego, por ejemplo mediante la puesta en marcha de “Vamos Uruguay” por parte de Pedro Bordaberry, o la confirmación por parte del ex-presidente Lacalle de no presentarse como candidato interno. Fueron noticias que le agregaron la salsa necesaria al resurgimiento de la discusión sobre las posibilidades del Frente Amplio de mantenerse en el poder por un período más. Todo esto a medio camino, vale aclarar.

Sin embargo, lo que muchos olvidan es que el éxito de tal coalición marxista depende mayoritariamente de factores externos al mismo —ídem para otros gobiernos latinoamericanos. Por un lado, muchos temas que gritaban por reformas se han “resuelto” a corto plazo. Y no se trata de casos aislados, al contrario: hoy en día la lista de reformas superficiales es mayor a la de cambios profundos y sólidos. Simples ejemplos: la inhumana situación carcelaria, la amenazante escasez de producción energética, la anticonstitucional ocupación sindical, el vergonzoso conflicto con el gobierno argentino por las papeleras, el indeciso futuro del MERCOSUR, el imprescindible Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos… La lista sigue. Y el objetivo no es desacreditar la voluntad de cambio del gobierno progresista, sino llamar la atención sobre la fértil situación mundial que estamos viviendo, sin la cual nuestra realidad doméstica se viviría completamente diferente: el desempleo no habría caído en la misma magnitud, las exportaciones no habrían sobrepasado los niveles de la última crisis y la deuda externa no permitiría los regalos que el gobierno hoy se permite. Tiempo condicional: ¿gracias a…?

Una bomba de tiempo rodea al Frente Amplio si continúa con la política populista actual. Y nadie sabe si explotará previamente a las elecciones o si se tomará su debido tiempo.

Ahora bien, suponiendo que, en concordancia con las predicaciones de las grandes instituciones financieras del mundo, el freno de la economía global se dé previo a la próxima consulta popular, la actual popularidad del Frente Amplio podría verse afectada radicalmente. Si a esto se le suma la alarmante inflación, la puesta en práctica de los nuevos impuestos y el creciente costo del Estado, el ciudadano común sentirá que su monedero comenzará a pesar menos y menos, día a día. Otro factor no menor es la forma en que se organicen los partidos opositores para enfrentar el desafío de la próxima llamada a las urnas. Por un lado, los dos partidos opositores con mayor representación parlamentaria, el Partido Nacional y el Partido Colorado respectivamente, actuarán con cierta concordancia para reunir mayor fuerza oposicional. Por otro lado, ambos deberán ajustarse a la realidad nacional reinante, completamente distinta a la de hace un puñado de años, y de hecho ya se han ajustado. Ya no es viable seguir con el modelo aplicado durante más de un siglo, y las últimas elecciones han sido la máxima expresión de esta afirmación.

Por lo tanto, si los partidos opositores logran ajustarse y modernizarse y los factores externos al Frente Amplio empeoran, éste ya no tendrá la misma fuerza que ha tenido desde las últimas elecciones. Tendrá que estar dispuesto a dialogar, a resolver las situaciones sin decretos y violaciones a la Constitución, a encontrar soluciones viables a largo plazo. Y aquí es donde se torna interesante el futuro de nuestro país en caso de que el crecimiento económico se frene, incluso si esto suena contradictorio: el Frente Amplio será un partido con cierto nivel de experiencia luego de su primera actuación en el poder; es de esperar que no tomará el mismo rol de oposición previo al 2005, si ése es su nuevo lugar. Y lo que caracterizará a los partidos conservadores será la búsqueda del diálogo con una población consciente de no querer retornar a la política del siglo XX. De lo contrario se dañarán a sí mismos.

En conclusión: ¿las próximas elecciones no serán una luz al final del túnel del actual “diálogo” interpartidario cercano a la inexistencia? ¿No son por lo tanto un inicio para una coalición multipartidaria, una entrada a un compromiso social, una visión nacional menos ideológica? Es el mundo quien decide, el Frente Amplio ya ha tenido su oportunidad.

El principal problema de la economía

28 de Julio de 2006. Por Jorge Borlandelli

Todos los demás problemas económicos son secundarios. Fue, es y será siempre el principal objetivo de la mayoría de las personas, sean conscientes de ello o no. En el pasado, hombres, mujeres y niños han enfrentado enormes penurias y peligros para tener una mejor oportunidad de resolver este problema. El primer libro de economía, editado por primera vez hace 225 años, lo usó como título. Sin embargo, este problema no tiene en los periódicos el espacio que se merece. Tampoco lo tiene en la consideración de la profesión económica. Los problemas monetarios, fiscales y financieros acaparan la atención de los lectores, televidentes y ahora también de los internautas. Quizás porque se trata de un problema de largo plazo, que no se genera ni se resuelve con medidas heroicas por parte de personajes de la política o de las instituciones financieras supranacionales, es relegado por aquellos otros problemas económicos que generan crisis, noticias políticas o titulares para la página de policiales.

Basta de suspenso: el problema del que escribo no es otro que la creación de riqueza. La humanidad estuvo sumida en la pobreza desde la aparición del hombre en la Tierra. La vida, al decir de Hobbes, fue corta, brutal y penosa por siglos y siglos. Hasta que en el siglo XVIII comienza un proceso de crecimiento de la riqueza que permite que el hombre común pase a disfrutar de niveles de vida similares a los de los monarcas y emperadores del pasado. Se trata de un fenómeno extraordinario que merece ser comprendido y respetado. De ninguna manera debemos darlo por sentado, ya que este proceso sólo se ha dado en la civilización occidental y una gran parte de la humanidad todavía está sumida en la pobreza sin perspectivas de iniciarse en él.

Es importante destacar que el problema de la creación de riqueza es un problema muy sencillo de resolver, si se dan las condiciones adecuadas. También es preciso reconocer que es un problema individual. Son las decisiones que cada familia toma día tras día las que determinan cuanta riqueza crearán. Las instituciones de la sociedad en que viven pueden fomentar la creación de riqueza, desalentarla, redistribuirla e incluso destruirla, pero, no pueden crearla.

¿Cómo se crea riqueza? La creación de riqueza es simplemente el fruto de las inversiones que realiza la familia en capital financiero, capital físico y capital humano. Las inversiones en capital financiero crean riqueza a través del retorno en intereses, dividendos o aumento de precios de los activos financieros en que se invierte. Las inversiones en capital físico crean riqueza a través de la mejora de la productividad de los trabajadores que usan ese capital físico o a través de menores gastos por los bienes y servicios que la inversión reemplaza. Las inversiones en capital humano (educación en todas sus formas posibles) crean riqueza a través de los mayores ingresos que pueden obtener los miembros de la familia que recibieron la educación, gracias a sus nuevas habilidades y aptitudes.

Sin embargo, toda inversión requiere un previo ahorro de recursos, propio o ajeno. La inversión en capital financiero requiere haber ahorrado dinero, es decir haber gastado menos que los ingresos familiares. La inversión en capital físico puede provenir del ahorro de dinero (ahorro para a compra de una máquina), de bienes (ahorro de cierta parte de la cosecha para obtener semillas), de trabajo (dedico cierta parte de mi tiempo para construir un silo) o del ahorro ajeno (utilizar deuda para financiar la inversión). La inversión en capital humano requiere del tiempo necesario para educarse que podría utilizarse para trabajar y generar ingresos.

En definitiva, si usted espera que el horóscopo le indique que va a recibir dinero en forma inesperada o si su única inversión financiera son apuestas a juegos de azar, lo más probable es que su riqueza no aumente. Si usted cree que alguien más puede hacer que su familia sea más rica, olvídelo. Puede quizás lograr ser un beneficiario de la redistribución de riqueza que realizan ciertos gobiernos a través de las instituciones estatales. Pero, hay muchos como usted tratando de lograrlo y el exceso de demanda por beneficios en la redistribución bien puede hacer que todos terminemos más pobres. Es difícil ser beneficiario por mucho dinero o por mucho tiempo. Además si ese beneficio no lo invierte adecuadamente será pan para hoy y hambre para mañana ya que su familia no generará los hábitos y los valores cruciales para el proceso de creación de riqueza.

Nuestros antepasados vinieron a estas tierras buscando la oportunidad de trabajar, ahorrar y crear riqueza para sus familias mediante la inversión en educación, capital físico y capital financiero. Mientras estos valores eran ampliamente compartidos y las instituciones políticas y económicas custodiaban dichos valores, Uruguay tuvo un fuerte crecimiento de la riqueza de la sociedad. Cuando las instituciones se volvieron en contra de esos valores Uruguay experimentó el estancamiento, la lucha por la redistribución y la crisis social y política. Ahora que los nietos y bisnietos de aquellos inmigrantes buscan otros horizontes, es tiempo de recuperar aquellos valores y modificar nuestras instituciones para que nuevamente valga la pena trabajar, ahorrar e invertir.

Un ministro poco conveniente

21 de Abril de 2006. Por Hugo Donner

No se si a la fecha habrá tenido lugar la anunciada interpelación al ministro Díaz, pero en caso de que se haga, no cabe duda de que será una vez más una fuente segura de bostezos y una intrascendente pérdida de tiempo.

No se trata aquí de que el ministro y su organización hayan sido más o menos eficaces o más o menos omisos en el cumplimiento de la tarea que la ley les confía. Eso sería lo que habría que juzgar en un país coherente, en el que los ministros fueran escogidos por su preparación, conocimientos técnicos y afinidad con la naturaleza de la cartera.

Nada de eso se da en muchos de nuestros ministerios, con el Dr. Díaz a la cabeza de las incongruencias.

Hay una razón muy poderosa para que el Dr. Díaz sea la persona menos indicada para el cargo.

Para la visión de mundo de la que el ministro participa con entusiasmo y convicción —una visión infantil, resentida, obstinadamente fracasada y probadamente equivocada, cuya teoría es insostenible y su práctica incompatible con la libertad y el progreso— la clasificación maniquea entre buenos y malos no guarda correlación con la que indica la ley vigente que debería ser su norte permanente y único, sino con otros criterios.

Según esos criterios, un ciudadano relativamente rico, o peor, empresario explotador, es mucho más criminal ante sus ojos que un rapiñero del que éste debería ser protegido.

No me cabe duda de que el ministro —si de él dependiera— inclinaría la balanza a favor de un asesino contumaz —siempre que pertenezca a la “clase explotada”— y en contra de un buen ciudadano que a la vez fuera un “despreciable burgués” que pretende gozar descaradamente de las comodidades que le debería garantizar el sistema del cual las fuerzas de seguridad son un engranaje fundamental y que él sostiene con sus impuestos.

Recordemos como ilustración de esa forma de pensamiento, la perlita conceptual que nos regaló la jefa de policía de Maldonado este verano cuando afirmó que la culpa de la falta de seguridad en nuestro principal balneario era de las víctimas, por distraerse.

Para quienes piensan como el ministro, el derecho de propiedad es de segundo orden y la libertad un lujo superfluo.

Por lo tanto es evidente para todos que tener al Dr. Díaz como ministro del Interior es poner al zorro a cuidar el gallinero. En consecuencia, el lamentable estado de la seguridad pública y su deterioro presente y futuro no son responsabilidad del ministro, de quien difícilmente pueda esperarse algo mejor, sino de quien, por cumplir compromisos de cuota política, lo colocó en el cargo.

Contribuyentes estafados

6 de Mayo de 2005. Por Daniel Lasalvia

Cuando compramos, por ejemplo, una rifa que tiene por objeto verter lo recaudado a solucionar o mejorar la situación ya sea de una entidad de bien público o de ayuda social, esperamos que nuestro dinero vaya efectivamente para el fin que se persigue. Tan sólo alguna duda de que nuestro dinero no hubiera sido utilizado en el sentido prometido, nos provocaría un sentimiento de absoluta incredulidad. Pero si efectivamente constatamos que nuestro dinero fue utilizado para diversos fines diferentes al que nos fue comunicado, como pagarles sueldos a amigos de los administradores, tener actividades que no correspondan al fundamental propósito invocado, etcétera, aquel sentimiento incipiente de incredulidad se transforma en bronca ante el engaño; por sentirse estafado, por haber sido utilizado para sacarnos dinero con un discurso en pro de un beneficio y ser usado aquel para mantener a determinados privilegiados.

Pues bien, todo hace parecer que tenemos que sentir esa bronca, porque sí estamos siendo engañados y estafados, y nada menos que por la Intendencia de Montevideo. Sí, nos está sucediendo todo aquello, pero para peor, con el dinero que nos imponen pagar.

Seguramente el retorno que pretendemos los ciudadanos no es el de contratar a 1.100 personas amigas del partido que gobierna la comuna, además de los 8.400 sueldos que pagamos mensualmente, ni el de mantener diecinueve centros comunales con varios cargos políticos que ostentan un salario superior al de un diputado —centros que, por otra parte, sólo cumplen la función de descentralización para recibir quejas, porque muy pocos trámites podemos hacer—, ni financiar la ineficiencia de las empresas oligopólicas de transporte colectivo con un subsidio del 40% del valor del boleto más caro del continente, ni gastar 20 millones de dólares en un Teatro Solís que muy pocos ciudadanos pueden usufructuar —porque los precios para sus espectáculos no son lo que se dice populares— mientras el estado de las calles de Montevideo es calamitoso y la ciudad se encuentra estancada en obras de infraestructura. ¿Y por qué? Porque de lo que pagamos, sólo un 20% es destinado a obras.

¿Ésta será una parte de la fiesta que el Presidente Vázquez quiere terminar, a la que él también invitó y que los montevideanos seguimos pagando con enormes déficits y más deuda?

En este momento de campañas pre-electorales los tres partidos políticos tradicionales denuncian y prometen, pero no dicen que en veinte años jamás defendieron al contribuyente, engañado y estafado; nunca los ediles de esos partidos han presentado ni un solo proyecto en la Junta Departamental tendiente a defender a el contribuyente. Seguro que a nadie le gustaría que siguieran usando nuestro dinero para favorecer a nuevos amigos del poder, a aquellos de la larga lista de empresas que financian las campañas con promesas de repago. ¿O repagaremos nuevamente todos los montevideanos?