«Opinólogo» se ofrece, sin garantía
12 de Octubre de 2004. Por Vicente FragolaAnte lo alicaído —y falto de transparencia, por decirlo de forma amable— que se encuentra el fútbol uruguayo, he perdido todo interés en la dirección técnica de nuestra selección nacional. Eso de armar el equipo antes de cada partido y evaluar luego la actuación de los jugadores junto a tres millones de apasionados colegas, como que ya no resulta atractivo, ni siquiera para pasar el rato. Sin embargo, el «opinólogo» que todos los uruguayos llevamos dentro no quiere quedarse quieto. La proximidad de las elecciones nacionales hizo que se volviera interesante estudiar las tendencias que marcan las encuestas y vaticinar posibles resultados, pero parece que en esta ocasión es más fácil acertar el Gordo de fin de año que el resultado de la votación. Con seguridad influye en esto el hecho de que los «opinólogos» oficiales, es decir, los politólogos —esa especie de gurúes de la encuesta que con artes adivinatorias basadas en la matemática, predicen hasta la integración del más ignoto ente del Estado— no se ponen de acuerdo. Las diferencias entre las encuestas son tan grandes que uno, en el mejor de los casos, no encuentra un punto de base para realizar una estimación; y en el peor de los casos, desconfía.
Últimamente parece estar de moda ensañarse con las encuestas y sus intérpretes. Quienes les «dan con un caño» a los politólogos suelen ser los que aparecen detrás en la clasificación, es decir, el Partido Nacional y el Partido Colorado. Tal vez tengan razón, pero no me interesa hacer lo mismo que ellos. En realidad, me dispuse a realizar mi propio «análisis» de la información, más que nada con la idea de intentar ubicar donde están los potenciales votantes de los partidos que, como el Partido Liberal, no aparecen aún en los números de las empresas encuestadoras. Con mi amplia experiencia en el uso de la calculadora —con aquello de «matemáticamente tenemos chance» supe hacer uso intensivo de tal artefacto— supuse que me resultaría sencillo ponerme a tiro con los expertos, y de paso podría dejar de boca abierta a mis colegas en el trabajo. Pero…
Pero, la cosa no es tan fácil. Como decía antes, las diferencias entre las encuestas son enormes, y para peor, algunas hay que estudiarlas sabiendo que no son honestas; porque en nuestro Uruguay —que es un pañuelo donde habemos pocos y nos conocemos todos—, no es ningún secreto quién es el «frentólogo», quién el «blancólogo» y quién el «coloradólogo». Por más que los dueños de las empresas encuestadoras defiendan su supuesta objetividad, lo cierto es que los números dicen lo que cada uno quiere que digan —y si no me creen, pregúntenle al que le hizo la encuesta a Lacalle—. Así, no me quedó más remedio que recabar todos los datos que me parecieran relevantes: me dejé robar por ANTEL algunas horas de Internet —¿tendré que hipotecar mi casa?— mientras buscaba y bajaba información de las elecciones de 1999, las elecciones internas y los datos de las encuestas para las próximas elecciones nacionales.
Cuando reuní toda la información, lo primero que se me ocurrió fue comparar como les había ido a las encuestadoras en la estimación de participación electoral y en el resultado de la elección interna. Suponía que las más acertadas serían las más confiables. Consideré además que, si en Uruguay un 1% representa cerca de 25.000 habilitados para votar, un margen de error de más o menos 4% sería adecuado. Dicho de otro modo, siendo generoso en mi «análisis», las encuestadoras podían errar en unas 100.000 personas, nada menos. Definido esto, me puse a trabajar…
La participación electoral en las internas fue de un 46% —votaron aproximadamente 1:135.000 personas—. Interconsult, la empresa que estimó más cerca, predijo un 47%, en tanto el resto fueron del 50% al 54%: Cifra 50%, Factum 52%, Equipos y Radar 54%. Tal vez los que estimaron un 51% de participación o más, deberían ir pensando en dedicarse a otra cosa.
En cuanto al resultado de la elección, todos predijeron correctamente el orden de votación de los tres partidos tradicionales —chocolate por la noticia—, a saber: Frente Amplio (43%), Partido Nacional (41%) y Partido Colorado (15%). Como en realidad eso lo adivinaba hasta la bestia bruta de Bush, lo interesante eran los porcentajes estimados para cada partido. La mejor estimación de votación para el Frente Amplio fue de Interconsult (44%), y le siguieron Cifra (48%), Equipos (50%) y Radar (52%). La mejor estimación para el Partido Nacional fue de Cifra (37%), y le siguieron Interconsult (36%), Factum (35%), Equipos (32%) y Radar (30%). Para el Partido Colorado los mejores pronósticos fueron los de Interconsult y Equipos (15%), y le siguieron Cifra (14%) y Radar (9%). Como podemos observar, en algunas estimaciones hay diferencias que llegan hasta un 11% —275.000 personas— cuando se las contrasta con la realidad. Definitivamente, algunas de estas empresas deberían pensar en cambiar de rubro. A menos…
A menos que el error sea premeditado. Porque es sabido que la divulgación de las encuestas influye en la decisión de los votantes —y de algunos posibles candidatos, como Astori, quien decidió no presentarse a las internas porque las encuestas decían que sacaba tres votos—. Ese es otro punto que algunos politólogos también discuten, indicando que si hay alguna influencia esta es mínima, y que en todo caso puede favorecer al más débil. Lo cierto es que las influencias son varias, y van desde el votante que quiere «jugar a ganador» hasta crear «sensación de triunfo» en varios segmentos de población. En un país caracterizado por su apatía política, donde las personas se desentienden de los temas esenciales y los principales candidatos no tienen propuestas minimamente coherentes —no hablemos de que sean realizables, mucho menos originales, y ni siquiera inteligentes—, las encuestas conforman un factor de decisión fundamental, mucho más importante de lo que los propios politólogos parecen dispuestos a admitir, vaya uno a saber por qué.
Volviendo al «análisis», probé a ver como me iba con las estimaciones para las próximas elecciones nacionales. Pero si en algo coinciden las encuestadoras es en que tienen predicciones diferentes. Las estimaciones para el Frente Amplio son: Doxa 54%, Radar 52%, Factum 52%, Cifra y Equipos 48%, Interconsult 47,2%. Las predicciones para el Partido Nacional: Cifra 33%, Factum 31%, Doxa 30,5%, Interconsult 30,3%, Radar 30%, Equipos 28%. Los augurios para el Partido Colorado: Doxa 12%, Interconsult 11,1%, Equipos 11%, Cifra y Factum 9% y Radar 8%. Algunas empresas también incluyen al Partido Independiente con estimaciones entre el 1% y el 2%.
¿Y qué hacemos con todos estos números? ¿Usamos el sistema de calificación olímpica, eliminando el mayor y el menor, y promediando el resto? Parece poco serio, así que veamos de hacer algo diferente: consideremos la «fiabilidad» de las empresas encuestadoras, en función de cuan acertadas estuvieron en las internas. Así, con un padrón electoral de 2:487.583 electores, promediando los datos de Interconsult y Cifra para el Frente Amplio y el Partido Nacional, éstos obtendrían el 47,6% —1:184.000 adherentes— y el 31,7% —789.000 lealtades— respectivamente; y considerando a Interconsult y Equipos, el Partido Colorado obtendría el 11,1% —276.000 fieles—. Excluyendo un 1,5% para el Partido Independiente —37.000 personas—, restaría un 8,1% —nada menos que 202.000 personas— para indecisos, en blanco, anulados y otros partidos.
Aquí sería útil limitar el número de indecisos. En la elección de 1999, un 2,6% de los sufragios correspondió a votos en blanco y anulados. Según informan las encuestadoras, esta tendencia se mantendría para las próximas elecciones, por lo que quienes votan —votamos— a otros partidos y los indecisos «puros» constituirían un 5,5% —137.000 voluntades—. Adicionalmente, una encuesta de Equipos publicada el domingo 10 —que seleccioné por la exclusiva razón de que no encontré otra con datos similares—, también puede sernos de utilidad. Dejando de lado la inútil clasificación lineal izquierda-centro-derecha y lo que votaron los hoy indecisos en 1999, lo interesante es lo que sigue: «En ese grupo de votantes, 44% muestra simpatía hacia Larrañaga, mientras que sólo 24% tiene igual postura respecto a Stirling y menos de la sexta parte (16%) simpatiza con Tabaré Vázquez». Tomando estos factores en cuenta, el Frente Amplio alcanzaría el 48,5% de las preferencias —1:206.000 adherentes—, el Partido Nacional el 34,1% —849.000 lealtades— y el Partido Colorado el 12,4% —309.000 fieles—. Excluyendo el 1,5% estimado para el Partido Independiente —37.000 personas— y el 2,6% —64.000 personas— estimado para los votos en blanco y anulados, seríamos cerca de un 1% —24.000 personas— quienes votamos a otros partidos.
Bien, hasta aquí los números fríos. La conclusiones primarias son: habría ballottage en noviembre, y el Partido Liberal tendría que «sacarse los ojos» con el resto de los partidos llamados menores para tal vez —y solo tal vez— obtener un diputado. Pero, aquí surge la primera interrogante: ¿son sólo 24.000 personas las que votan a otros partidos?
Para intentar una respuesta podemos estimar con los resultados de las últimas elecciones nacionales. En esa ocasión, con un padrón de 2:402.160 electores y una votación de 2:204.874, el Frente Amplio y el Nuevo Espacio obtuvieron el 44,7% de los votos —959.000 personas—, el Partido Nacional el 22,3% —479.000 voluntades—, El Partido Colorado el 32,8% —704.000 adhesiones— y un 2,6% — 58.000 sufragios— resultó en votos en blanco y anulados. Si comparamos estos números con las tendencias que indica nuestro «análisis» para las próximas elecciones, en cinco años el Frente Amplio habría obtenido 247.000 nuevos electores, el Partido Nacional 370.000 nuevas lealtades, y el Partido Colorado, merced a su fantastic gestión de gobierno, unos 395.000 ex-fieles.
En conjunto, el Frente Amplio, el Partido Nacional, el Partido Independiente y otros partidos habrían logrado captar 678.000 nuevos votantes respecto a la elección anterior. Si a eso le restamos los 395.000 votos que habría perdido el Partido Colorado, los votantes nuevos no-colorados serían aproximadamente 283.000. ¿Podemos afirmar que entre 283.000 personas, ninguna vota al Partido Colorado? Ninguna no, pero seguramente muy pocas. Existe una gran desilusión con la clase política en general y con este gobierno en particular, por lo que una aceptación mínima, ínfima, del Partido Colorado entre los nuevos votantes, es algo que puede suponerse. ¿Es posible que entre 283.000 nuevos votantes, los otros partidos tradicionales —Frente Amplio y Partido Nacional— cuenten con tan amplia adhesión como señalan las encuestas? Y de los 395.000 votos que perdería el Partido Colorado, ¿una amplia mayoría será para esos otros partidos tradicionales, como también señalan las encuestas? En ambos casos, es posible que no, con lo que aparecería una oportunidad para el Partido Liberal.
En la misma línea pero considerando otros aspectos, parece importante tomar en cuenta a Adela Pellegrino, demógrafo de la Facultad de Ciencias Sociales, quien en abril de 2003 se volvió famosa cuando varios medios recogieron su estimación de que en los últimos cinco años habían emigrado unas 100.000 personas. Supongamos que tal estimación es correcta. No parece descabellado suponer también que prácticamente todos los que emigraron tienen edad para votar, y representarían un 4% del padrón electoral. Por otro lado, parece ser que la gran mayoría de los emigrados son afines al Frente Amplio, tal cual lo viene afirmando un matutino desde hace varios meses, y que el lunes 11 indicó: «Desde la izquierda se estima que en el peor escenario vendrían a votar unas 20 mil personas, en su gran mayoría afines al EP que ampliarían la ventaja actual». Si la gran mayoría de los emigrados son afines al Frente Amplio y —debido al costo de los pasajes— sólo una pequeña parte de ellos podrá venir a votar, ¿este partido obtendrá la votación que estiman las encuestas? También es posible que no, con lo que habría otra oportunidad para el Partido Liberal.
Finalmente, no debemos olvidar a quienes no votan. En la elección de 1999 dejaron de votar 197.000 personas. Si en esta ocasión se da una cifra similar y además le sumamos los 100.000 emigrados, nada menos que un 12% del padrón electoral no participaría de la elección. Eso podría desbaratar totalmente las estimaciones de cualquier encuesta. Algunos estaban eximidos de votar. Otros no votaron por conveniencia: el valor de la multa era menor al de un pasaje a su departamento de origen. Muchos no lo hicieron por «convicción»: personas cansadas, descreídas, desilusionadas, molestas con las mentiras y los estragos causados por los tres partidos tradicionales. Tres partidos tradicionales que no representan opciones diferentes entre sí. Quien está desilusionado del Partido Colorado no ve como opción válida al Frente Amplio o al Partido Nacional, y viceversa.
Vemos que por allí, entre estimaciones y tendencias, es posible que el Partido Liberal encuentre el camino para una mejor votación que la estimada en las encuestas. Existe una masa enorme de desilusionados votantes, sufridos contribuyentes, cansados de tanta farsa y tanta estafa. Tenemos que esforzarnos al máximo para que ninguno de ellos se vuelva a equivocar, y para que sepan que, por sobre todas las cosas, no los vamos a desilusionar.