Foristas y tupamaros, un solo corazón
22 de Octubre de 2004. Por Julio VeraLos uruguayos asistimos, impávidos y pasivos, a un intercambio de acusaciones gravísimas, todas ellas merecedoras de denuncias penales, así como de la intervención de oficio de la justicia penal. Los protagonistas: el ex presidente Julio Sanguinetti, que inicio el duelo, y el senador José Mujica, orgulloso ex guerrillero. De un momento para el otro, cámaras y micrófonos abandonaron a los candidatos de las dos mayorías. Súbitamente, hay dos nuevos niños mimados de los medios de comunicación.
Los uruguayos que amamos la libertad (y las instituciones democráticas que garantizan los artículos 72 y 82 de nuestra venerada Constitución) tenemos muy presente el peligro tupamaro. Que consabidos violentistas, que no reniegan de su desprecio por el sistema democrático republicano, vayan a ser holgada mayoría en el próximo parlamento, nos asusta a todos desde mucho antes de la campaña publicitaria del Dr. Sanguinetti. Esperamos ansiosa y pacientemente que Mujica, Fernández Huidobro, y Marenales, nos digan de una vez por todas que han renunciado a la violencia, y que aceptan de buen grado el juego democrático que los está llevando al poder.
Sanguinetti, por su parte, saca su vieja arma una vez más. A quince días de las elecciones, enfoca su reflector a lo que es por todos conocido. En campaña, de forma exclusivamente publicitaria, ataca lo que no atacó por los mecanismos formales que tuvo a su disposición por 10 años: acción parlamentaria de sus legisladores foristas, denuncias judiciales, recursos de amparo. Al igual que en su debate con Vázquez en 1994, da un zarpazo electoral, de gran efecto, aunque exclusivamente electoral.
Si miramos con atención, vemos que Sanguinetti no ha combatido a la izquierda violentista. De hecho, le ha facilitado el acceso a la vida política formal. Podemos dar algún ejemplo. La ley de amnistía, en 1984, fue hija de su política. Era correcto y deseable que los presos políticos fueran liberados. Pero no se tuvo el debido celo con respecto a lo que establece nuestra Constitución. Si los uruguayos elegimos el sistema democrático republicano de gobierno, no puede aceptarse que se proponga sin tapujos la abolición de tal sistema. En todo caso, quien eso propone debe aclarar de pique que pretende reformar la Constitución, en esos aspectos tan centrales.
Y Fidel Castro, dictador socialista cubano por interminables décadas, fue invitado oficial a nuestro querido Uruguay por Julio María Sanguinetti, a la sazón nuestro presidente. En esta polémica hay dos claros ganadores, y ninguno más: Sanguinetti y su Foro, y Mujica y su MPP. Para sacar un buen rédito en su interna, a costa de sus socios (la 15 y el Partido Nacional), Sanguinetti no tiene empacho en consolidar a los que señala como sus enemigos. Sabe que favorece a quien ataca, pero no le preocupa. Y Mujica, hábil político de muy larga trayectoria posguerrilla, hace su parte del show, consciente de que tiene iguales consecuencias, en sentido contrario. Estrategia gano-ganas, como dicen los teóricos de los negocios. Genial combinación, fantástica apoyatura. No puedo evitar recordar los excelentes programas de humor de Olmedo y Portales.