Archivo de la categoría ‘Cartas de lectores’

Las seis horas diarias no me parecen bien

12 de Diciembre de 2007. Por Secretarí­a

Sres. Partido Liberal:

Con respecto a su artículo La reducción de la jornada laboral, estoy de acuerdo con lo expuesto. Yo pasé de la administracion del Estado a la actividad privada, y fue un gran impacto pasar de 8:00 a 15:00 a 8:00 a 19:00… y más, y tener que pelear alguna hora extra.

Las seis horas diarias no me parecen bien, porque realmente van a rendir tres y media o cuatro… Pero diez o más es demasiado… tiene que existir un equilibrio entre el trabajo necesario para llevar dinero al hogar, y vivir trabajando y tener sólo dos o tres horas diarias con la familia.

Es mentira que al reducir las horas diarias van a tomar más empleados para cubrir… las empresas se adaptan y el porcentaje de nuevos empleados sería bajísimo.

Pagar a alguien por ocho horas, que sólo cumpla seis y que realmente vaya a trabajar tres y media o cuatro… sólo en este país: el individuo llega, se demora veinte minutos para arrancar, café, conversación, reseteo de la PC, baño, galletitas, buscar un clip, vaso de agua, baño, almuerzo, otra conversación, té, me empiezo a preparar para rajar veinticinco minutos antes…

Esto de las seis horas es parecido a darle plata a los pobres sin que tengan que devolverlo con trabajo… fomentamos a los atorrantes… Va de la mano con el trabajo a los delicuentes… El Sr. Policía con $ 3.500 de sueldo arriesga su vida para capturar al delincuente; el juez impone la pena, pero el Estado le reduce la condena y… le consigue un empleo en el propio Estado por $ 6.500 (?).

La capacitación… no todos, pero la gran mayoría tanto privados como públicos son unos desgraciados; todavía que se invierte en ellos para que mejoren quieren currar con viáticos, horas extras o lo que sea. Fíjense también en los pseudo-educadores… con sus ATD (Asambleas Técnico Docentes) ese día no se dictan clases… sumemos esto a los feriados y paros… Estas ATD deberían dictarse en sábado o domingo… que los docentes aprendan está bien… pero que los alumnos pierdan clases… está mal.

Si seguimos con esto de perder horas de trabajo por las cuales se les paga… veamos a los representantes sindicales, son las peores sanguijuelas… pueden ir a todas las reuniones que se les ocurra y no pierden nada…. los pobres infelices que no están en ese curro… pierden las horas por ir a la fiesta de la escuela de sus hijos… Yo creo que todas las reuniones de gremios y sindicatos deberían ser fuera de horas de trabajo y/o fines de semana… que el Estado y las empresas no pierdan y el país no se pare… ¿pero los atorrantes esos aceptarían?

Espero no tomen a mal mi comentario, pero alguna vez me quería expresar…

Gracias desde ya…

J.R.

La carretilla del Estado es su pueblo

9 de Noviembre de 2007. Por Secretarí­a

Título de carácter popular representativo de lo que el Estado es a su ciudadanía hoy más que nunca: un peso cada vez más difícil de cargar. Muchas veces resulta más fácil al hombre comparar situaciones que en explicación teórica no es tan sencillo que como resulta de compararlo con elementos de la vida diaria, que todos conocemos y que son ejemplificantes de complejas explicaciones. La carretilla es una herramienta que posibilita al trabajador transportar los elementos de su oficio y alivianar su tarea para realizar menor esfuerzo y obtener mayor rendimiento en la ejecución de la obra, ya sea ésta construcción, labores en agricultura, etc. Para lograr un buen desempeño de éste instrumento de trabajo, quien la dirige debe saber colocar la carga justa según su volumen, de forma tal de que quede bien colocada en su posición para obtener el equilibrio deseado y no volcar, como así también no incrementar demasiado su peso para que resulte fácil su traslado. Cuando éste peso es excesivo limitamos el movimiento sino lo imposibilitamos, a sabidas cuentas de que la rueda se tranca provocando impedimento para concretar su finalidad, que es facilitar el trabajo. Esta es la situación actual del país en éste momento: la carretilla está mal cargada, sin equilibrio y con excesivo peso.

¿Cómo un país puede producir más rápido, con mayor eficiencia y agilidad cuando el pueblo que es la carretilla no soporta al Estado que lleva a cuestas? Así imposible, la solución aparenta ser fácil a simple vista, pues bastaría con equilibrar mejor su carga y no incrementar el peso, pero vemos que cada día nuestros gobernantes lo desequilibran más y más a través del incremento de los funcionarios públicos —que además reclaman hasta el imposible por mayores salarios; total pagamos todos y no se nota—, y encima agregan más peso a través del aumento real de la carga impositiva que, aunque se diga que no es tal, lo es. Cuando el mundo actual exige conocimiento y permanente capacitación, seguimos acumulando empleados públicos que por inercia y por la protectora inmovilidad que los ampara lamentablemente en su mayoría están destinados al “sedentarismo intelectual”. Los funcionarios crecen en número y el Estado en peso, de éste modo se necesitan mayores ingresos para soportar esta parafernalia, sumado a los mencionados aumentos y aumentos reclamados incansablemente por quienes no tienen que producir para realmente sostener al país.

Otro peso abrumador es la actitud obsoleta a nivel internacional del paternalismo de Estado. Aún en la idea primaria de Estado keynesiano, su teórico John Maynard Keynes no proponía en su tratado el mecanismo de dar por dar, sino que en momentos de crisis el Estado debía devolver a la sociedad una parte de lo recaudado en épocas de prosperidad económica bajo la forma de generación de empleo para generar ingresos a los ciudadanos —empleos que van de la mano privada generalmente apostando a la infraestructura civil que beneficia al conjunto social— y no la inentendible y por demás injusta actitud actual hacia quienes aportamos y hacia quienes reciben. Es un postulado que el trabajo dignifica y ennoblece al hombre, eso es un derecho y el ser humano debería considerarlo una obligación para considerarse tal. Cuando no es así, lamentablemente construimos generaciones facilistas y hasta inculcamos un pensamiento de que es lo que corresponde, equiparándolo a un derecho cuando en realidad es una obligación. Por lo pronto, hasta que los gobernantes no entiendan y apliquen herramientas en mano estos principios en la construcción de una sociedad verdaderamente más hermanada, lo que se genera es cada vez más fragmentación social.

La igualdad no consiste en equiparar arbitrariamente a todos por igual sino que se ha de asegurar por todos los medios lícitos posibles las mismas oportunidades de acceso a la educación, la salud y el empleo. Teniendo las mismas oportunidades, es el hombre quien administrando su libre albedrío juzga y decide qué es lo adecuado. Para terminar y salvando las distancias, me gustaría invitarlos a leer a Voltaire en sus Cartas filosóficas cuando realiza una parodia (así se puede decir) en la carta “Sobre el Comercio” y compara a los comerciantes y negociantes con los sectores de la nobleza monárquica, por suerte en su mayor parte desterrada para beneficio de la humanidad. Aunque en diferente momento histórico y bajo una situación política completamente distinta a la actual, aún así la podríamos comparar con nuestro tiempo y sistema político y veríamos quienes realmente trabajamos para aportar, lo que es una verdad que se mantiene en el tiempo. Los invito a la lectura, ella cuando genera reflexión nos acerca un poco más a ese concepto que parece tan lejano al hombre: la sabiduría. Les envío un fuerte abrazo a todos quienes comparten conmigo y a quines no también, dado que la tolerancia es el único camino para lograr consenso en el disenso.

Esperando que la presente resulte de interés se despide con afecto y estima,

Juan Eduardo Cuitiño Ubal
Tala, Canelones

Lo menos costoso de un restaurante es la comida

22 de Junio de 2007. Por Secretarí­a

Estimados lectores amantes del buen comer:

Hace tres años en que regresé al país luego de haber vivido en España y otros lugares; tiempo después pude, crisis mediante, instalarme en Montevideo concretando el sueño de mi propio restaurante. Con el tiempo nos fuimos convirtiendo en un referente gastronómico al que asisten fundamentalmente amantes de la buena mesa. Esto nos exigió un gran esfuerzo para alcanzar altas metas de calidad y servicio acordes a las nuevas tendencias, poco frecuentes en el medio.

Pues bien, ahora me entero que debemos pagar una Tasa Bromatológica del 0,8% de las ventas, al preguntar qué la generaba nadie supo responder en la IMM, ¿tal vez vengan a limpiar la cocina? Les recuerdo que pagamos impuestos de puerta, tasa de alcantarillado, luz de calle, etc., por casi $ 3.300 bimestrales. Sumemos a esto un policía (servicio 222) en la puerta ya que la Comisaría de la zona me dijo no tener personal para evitar los robos de autos y radios. Sumemos a lo anterior que nuestras propias normas internas de higiene nos obligan a fumigar, servicio de sanitaria, vigilancia, alarma, y área de salud protegida, lo que suma $ 6.000 mensuales.

Para cobrar las tarjetas se requiere de un post, $ 900 por mes, si además debemos incluir BPS, teléfono, DGI, OSE (¡$ 3.000!), retención de IVA en tarjetas de crédito (aunque se tenga IVA a favor), comisión de las mismas y gastos administrativos, resulta claro que lo menos costoso de un restaurante es la comida. Eso sin tener en cuentas que el gobierno decreta aumentos sin procurar incentivar el consumo, ya que, por el contrario, las ventas se retrajeron un 20% desde la vigencia de la normativa que prohíbe fumar en restaurantes, muchos de los cuales no disponemos de veredas o decks.

Además el costo de éstos y el permiso correspondiente también son muy onerosos. Para que el lector tenga una idea, un deck de madera sencillo no cuesta menos de US$ 2.000 y el permiso 0,6 UR por mes, más tramites, etc. Es decir que si no está lleno de fumadores los únicos que hicieron negocio son el carpintero y la IMM.

Ahora bien, resulta que entre heladeras, freezers, hornos, dos aires acondicionados, iluminación (tenue) y demás artefactos como cafetera, microondas, etc., ¡pagamos $ 13.000 de luz! Seguramente, a esta altura el lector pensará que se trata de un gran establecimiento; pues NO, apenas tenemos 40 plazas que entre semana están a menos de la mitad y sí se llena los fines de semana.

Como cereza en la torta hoy me viene una carta de UTE en la que me dice que estoy pasado de consumo con una mísera potencia contratada por el propietario del local hace 50 años: ¡2,2 kW! Claro, en ese año ni hornos eléctricos ni microondas existían, ni qué pensar aire acondicionado. La misiva señalaba que en 30 días me pondrán una llave que se desconecta sola al pasar los escasos 2,2 kW (10 amperios) o sea que todo se apagará y no sé siquiera si podré iluminar el local. Me informan que aumentar la potencia, es decir poner una llave de 6,6 kW ¡cuesta $ 7.000! ¡Más tasa de conexión $ 750! Y si no me alcanza, que creo no lo hará, ¡debo contratar una empresa habilitada para poner trifásica! ¡Con lo cual la cuenta es astronómica!

¡Qué ganas de volver a España tengo! Allí los restaurantes están llenos todos los días y no existe ni la mitad de los absurdos impuestos de este país, Uruguay, que desmotiva al que trabaja y crea fuentes de trabajo. Por último déjenme contarles que en Europa disponía de un coche del año “full equipe” y pagaba al ayuntamiento 45 euros anuales. Aquí, por una camioneta de trabajo, modelo del 98, ¡pago US$ 400!

Sepan, amables lectores, que cuando un restaurante prestigioso cobra precios elevados no se está enriqueciendo; lo hace para mantener el elevado costo del ineficiente y desestimulante Estado.

Gabriel Coquel

Carta abierta al Sr. Estado, Omnipresente y Omnipotente

27 de Abril de 2007. Por Secretarí­a

Señor Estado Omnipotente y Omnipresente
Presente

Se dice que Usted es “persona”, “persona jurídica de derecho público por excelencia”. Distinguido con semejante título, nos sentimos obligados a dispensarle el tratamiento de “señor”. Se dice también, que Usted se diferencia del gobierno que expresa su voluntad y que, además, no debe confundírsele con el partido o partidos que lo conforman. Entendemos y compartimos esas distinciones pero, únicamente, cuando se trata del “Estado de Derecho”, limitado con precisión en sus atribuciones y respetuoso de los derechos individuales y libertades fundamentales. En cambio, si nos acercamos a la construcción de un Estado totalitario, y nos topamos con un Estado omnipresente y omnipotente, esas distinciones desaparecen para dar lugar a una identificación Estado-Gobierno-Partido (o coalición de partidos).

En el marco de las puntualizaciones efectuadas, le expresamos que estamos sorprendidos e indignados por la manera con que Usted se sigue entrometiendo en nuestras vidas: hoy, más que antes, prácticamente para todo se necesita su aprobación, aunque de trámite lento, complicado y siempre costoso. Así, Usted tranca nuestras iniciativas con su gigantesco, complejo y carísimo aparato burocrático. Casi nada puede hacerse sin su bendición.

Usted viene invadiendo, desde hace décadas, casi todas las áreas del quehacer humano y se viene apropiando de enorme cantidad de recursos a título de impuestos. Ahora, esos males antiguos, se agudizan, se potencian. Vemos una radicalidad mayor en las formas de estatismo de vieja data que terminará por empobrecernos y esclavizarnos todavía más. Tenemos hoy más estatismo y llevado al extremo. La consecuencia es y seguirá siendo la caída de la inversión, la reducción del número de empresas y, por tanto, la disminución de las fuentes de empleo.

Al mismo tiempo, vemos que, con frecuencia, Usted hace causa común con los agitadores sindicales para perjudicar a las empresas. Entre las actitudes y el discurso de sindicalistas y burócratas ya casi no se ven las diferencias. Es sabido que esto trae un potente efecto antiempleo.

En todo, estamos obligados a tenerlo a Usted como socio. Pero observamos que Usted nada aporta que sea útil o valioso. Prácticamente, lo único que Usted agrega son molestias y obstáculos. Ahora, eso sí, hay algo que Usted hace como nadie: quitarnos libertad y patrimonio. Cada día perdemos más y más. Nuestros recursos y nuestro poder adquisitivo siguen disminuyendo.

Parece que Usted no entendió su misión. Las pocas tareas que Usted debería realizar bien, no las cumple adecuadamente. Por ejemplo, en materia de seguridad, no podría ser peor su desempeño. La población honesta sufre hoy, más que antes, la inseguridad creciente y está siendo víctimas de delitos de todo tipo por la acción criminal de una delincuencia que se siente más impune que antaño y ahora, además, se sabe respaldada por políticos ineptos que llegan al paroxismo del fanatismo ideológico pretendiendo hacernos creer que los peores delincuentes son víctimas inocentes de la sociedad a la que culpabilizan por no ser solidaria y socialista.

Pero, para colmo, Usted se mete, además, en otras actividades que deberían estar en la órbita de los particulares. Y todo esto —lo que Usted hace mal, lo que Usted no hace y lo que Usted hace y no debería hacer— nos cuesta —a todos— cada vez más caro. En efecto, la población paga carísimo su demagogia y sus caprichos.

Usted Sr. Estado, quiere hacerse el simpático, el sensible, el filántropo, con los sectores más modestos y nosotros le pagamos la farsa. No queremos y no podemos seguir pagando este circo cada día más caro por la gran cantidad de payasos que se siguen incorporando a su espectáculo engañoso.

Ya nos hemos ajustado una y otra vez, pero Usted, en cambio, sigue tirándonos encima mayores gastos. Usted sabe que esos gastos nos asfixian…

Sr. Estado: Usted se viene transformando en un monstruo que todo lo devora, en una especie de dios-Moloch ante quien se siguen sacrificando más bienes, derechos y libertades.

Usted Estado gigante, mantiene su tamaño enorme con impuestos excesivos, confiscatorios: exacciones forzosas con destino al Fisco…

Mientras la inflación es un impuesto, masivo y disfrazado, aunque no legalizado; la deuda estatal es un impuesto diferido si la deuda de ayer se paga con el impuesto de hoy. O ambas cosas, diferido y disfrazado a la vez, si la inflación de hoy está pagando deuda de ayer.

Cada peso que perdemos en impuestos que a Usted le pagamos, lo dejamos de gastar en alimentos, ropa, calzado, transporte, medicinas y otros bienes y servicios que dejamos de demandar y dejan de producirse. Este es uno de los factores que hace caer las ventas, contraer la economía y decrecer el empleo. En suma: es causa de pobreza.

Exageradamente elevados, los impuestos que a Usted le pagamos (o que Usted nos quita) se decretan para pagar sus astronómicos gastos. El excesivo número y las elevadas tasas nos dañan. Todo tributo excesivo se traduce en precios más caros porque todos los impuestos se trasladan.

¿Y qué decir de los aranceles proteccionistas que Usted cobra? Son impuestos a las importaciones para perjudicarnos en cuanto consumidores al pago de sobreprecios.

Es imperdonable el carácter deliberadamente engañoso de las promesas que Usted ha hecho a los más modestos y menos informados. Les hizo creer tramposamente que Usted resolverá sus problemas, que generará riqueza, que creará puestos de trabajo. Y Usted sabe, mejor que nadie, que todo lo que Usted toca, lo estropea. Sabe también que no hay peor administrador que Usted y que solo la iniciativa privada genera riqueza y genuinos puestos de trabajo.

Muchos han caído en las redes de sus trampas dialécticas pero mire que ya empiezan a despertar y a descubrir las maniobras. Por lo menos, ya están más desconfiados ante sus promesas. Al verlas incumplidas, pronto reaccionarán. Por ejemplo, no pocos ya entendieron que Usted contrata a sus amigos incondicionales, al tiempo que premia a quienes son serviles a sus pretensiones y que, además, castiga a quienes no están dispuestos a ser cómplices de sus atropellos en las diversas áreas de la actividad pública (Educación, Relaciones Exteriores, intendencias, etc.) afectando a centenares de funcionarios no-izquierdistas que han sido víctimas de esta “vendetta” política. La fórmula implica degollar administrativamente a quienes obstaculizan la formación de la nueva “nomenclatura” al tiempo que se encumbra a socios y aliados. He ahí una de las peores formas de corrupción, la que surge del desvío y del abuso de poder del Estado para favorecer a los incondicionales del gobierno.

Usted Estado megalómano, tiene algunos empleados que le costarán muy caro al país entero. Por ejemplo, tiene empleados (a la que nosotros le pagamos sueldo y demás), jerarcas de los partidos marxistas, que a lo largo de sus vidas se especializaron en la agitación y en la propaganda con el fin de reclutar para sus grupos políticos a los más pobres y peor informados. Esos militantes que, fiel al dogma comunista, han venido fomentando el odio y la lucha de clases, hoy aparentan ayudar al “proletariado” pero, en realidad, ese “proletariado” solo les interesa como un arma para destruir la “sociedad burguesa” que es la basada en el derecho de propiedad y la libre iniciativa.

Asimismo, otros funcionarios suyos, que cobran tributos, utilizan un lenguaje muy agrio que parece reflejar su convicción de que, mientras el Estado es un gordo bueno, las empresas son “asociaciones para delinquir”, enemigas del bien común. Tiene un discurso de tipo policialesco que invita a recordar a la KGB o a Fidel Castro refiriéndose a las empresas privadas cuando dicen que perseguirá y revisará a cada empresa de arriba a abajo, de derecha a izquierda, etc., etc… Parece que en vez de empresarios, en el centro de su pensamiento, estuviesen delincuentes peligrosos. ¿Se estarán postulando para el Ministerio del Interior o para la Policía Política del régimen izquierdista?

Es necesario, Sr. Estado, que Usted deje de asfixiarnos. Queremos libertad y sepa que, esa libertad que legítimamente reclamamos, así como los derechos fundamentales que Usted desconoce, son inherentes a la naturaleza humana. Usted debe limitarse a reconocerlo así. Su primerísimo deber es respetar y garantizar la libertad y los derechos individuales de cada persona porque son anteriores y superiores a Usted.

Entienda, de una buena vez, que Usted fue inventado para estar al servicio de las personas y no para que Usted se sirviese de ellas.

Atentamente,

Prof. Alexander Torres Mega

La igualdad de derechos (II)

22 de Noviembre de 2006. Por Secretarí­a

Por Jesús González Losada*

En el artículo anterior referí a un sondeo publicado en el semanario uruguayo Búsqueda el mes de junio de 2004. Según el mismo, el 66% de los uruguayos encuestados mantiene una mentalidad improductiva al creer que no hay que generar la riqueza económica y piensan que sólo hay que “tomarla” y “distribuirla mejor”. Sólo un 30% de los consultados reconoce lo que es obvio, que antes de “distribuir” hay que generar y “crear” riqueza.

Sin embargo, hay quienes se aferran al concepto de que las personas nunca van a conseguir la igualdad de derechos a menos que tengan “igualdad económica”; y se resisten a aceptar que el verdadero papel de cualquier gobierno es el de garantizar y proteger la igualdad de derechos, no el de pretender igualar nuestras ganancias, propiedades o el proveernos igualitariamente a todos con las mismas cosas.

¿Qué poderes deben asignarse al Gobierno? Respuesta: las personas no deben delegar o asignar a sus gobiernos ningún poder que exceda aquello a lo que ellas mismas tienen el derecho legal de hacer. Por ejemplo, toda persona tiene derecho a la protección de su vida y de su propiedad. Por eso es perfectamente legítimo delegar o comisionar al gobierno la tarea de establecer una fuerza policial para proteger las vidas y las propiedades de toda la gente.

Pero supongamos que una persona muy generosa y bondadosa observa que uno de sus vecinos tiene cuatro coches y que el otro vecino está sin ninguno. ¿Qué ocurriría si, con ese espíritu de benevolencia, esta persona tan generosa fuese y tomara uno de los coches del vecino próspero y generosamente se lo regalara al vecino necesitado? Obviamente, sería arrestado por el robo del coche; sin importar sus buenas y caritativas intenciones, es culpable de violar flagrantemente los derechos naturales de su próspero vecino, quien tiene el derecho a que su propiedad sea protegida.

Por supuesto, el vecino con cuatro coches bien podría donar un coche a su vecino pobre, si él quiere, pero esa es su decisión y no la prerrogativa del vecino bondadoso que quiere jugar el papel de Robin Hood, como a menudo ocurre con los así llamados “progresistas” que son muy generosos con los recursos de otros.

Pero supongamos que esta persona bondadosa decide en cambio pedir al gobernador y al consejo municipal que usen su autoridad para forzar y obligar al vecino con los cuatro coches para que entregue uno al vecino que camina por no disponer de un automóvil. ¿Lo hace eso más legítimo? Obviamente, esto es todavía peor porque si el gobernador y todo el consejo municipal lo hacen en nombre de la ley, el vecino que ha perdido su coche, no sólo ha perdido el derecho de propiedad, (pues esa es supuestamente la “ley”) sino que él ha perdido también todo derecho a pedir ayuda para poder proteger su propiedad.

Desde el momento en que el gobierno está autorizado para nivelar o igualar las propiedades o posesiones materiales de los ricos para lograr una “distribución igual de los bienes”, el gobierno después tiene el poder para despojar a cualquiera de sus derechos “iguales” para disfrutar de su vida, de su libertad, y de su propiedad.

Los que se benefician como receptores del programa pueden pensar que esto es “justicia” y muy “bueno, justo y necesario” el tomar de los que “tienen más” para entregárselo a los que “tienen menos”. Pueden decir: “ésta es la forma como el gobierno provee una justicia igual para todos.” ¿Pero qué ocurre cuando el gobierno regresa y comienza a tomar de aquellos que se consideran “pobres”? Inmediatamente reclaman con indignación que tienen “derechos” a la propiedad que el gobierno les dio. Pero el gobierno ahora ya adquirió el poder para responder: “Nosotros decidimos quién tiene los derechos sobre las cosas.” Pues, el poder dado al gobierno para despojar a los ricos automáticamente canceló el principio que garantizaba la igualdad de derechos. Abrió la compuerta para que el gobierno ahora se entrometa con los derechos de todo el mundo, particularmente los derechos de propiedad.

Como nos advierte Thomas Sowell: “Si has estado votando por políticos que te han prometido darte cosas a costa de otros, no tienes derecho luego a quejarte cuando tomen tu dinero y se lo den a otros, incluyéndose ellos mismos.”

Aprendamos la lección del Comunismo. Cuando los comunistas tomaron el poder en Hungría, los campesinos estaban encantados con la “justicia” de confiscar las granjas grandes de sus dueños y entregárselas a ellos. Más tarde cuando los líderes comunistas tomaron tres cuartos de la tierra campesina para establecer las granjas comunales, inmediatamente los campesinos vociferaron en señal de protesta para exigir sus “derechos de propiedad.” Aquellos que protestaron demasiado fuerte o demasiado tiempo pronto descubrieron que no sólo habían perdido su tierra, sino que también su libertad, y que si continuaban protestando, entonces también perderían sus vidas.

Por ello Juan XXIII nos recuerda que: “La historia y la experiencia demuestran que en regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas más fundamentales, lo cual demuestra con evidencia que el ejercicio de la libertad tiene su garantía y al mismo tiempo su estímulo en el derecho de propiedad.”

El principio de la Igualdad de Derechos protege la libertad para prosperar. La decisión política de garantizar la protección igual de los derechos de todas las personas, garantiza así que todas tendrán la libertad para prosperar. No se necesita de ningún castigo en forma de “impuesto especial” para los que crean riqueza y prosperan. No van a faltar quienes alcen sus voces (como hicieron en el pasado los filósofos revolucionarios franceses, y luego los comunistas) en señal de protesta: “¡Pero es que entonces algunas personas se volverán muy ricas!” A lo que deberíamos responder: “Ciertamente que lo serán, y porque no, cuantos más mejor.”

Es de esperar que algunas personas prosperen más que otras. Esto es inevitable mientras haya libertad. Algunas prosperarán por su talento, algunas por su buena fortuna, algunas por sus herencias, pero la mayoría prosperará por su creatividad, trabajo y dedicación. El concepto de “libertad para prosperar” se basa en la creencia que la voluntad instintiva y creatividad para tener éxito y crear riqueza, en un clima de libertad, gradualmente resulta en que todas las personas prosperen conjuntamente. Elevará y estimulará así también a los pobres a superarse por medio de la educación y el esfuerzo individual para independizarse y llegar a ser autosuficientes. La experiencia histórica demuestra que las sociedades que fueron capaces de crear ese clima de libertad y responsabilidad ciudadana, aparecen también en ellas la compasión y la generosidad en forma de programas de ayuda (en educación, salud, trabajo, seguridad social, etc.) Florecen también, más que en ningún otro sistema, multitud de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) destinadas al servicio voluntario por parte de los más favorecidos a favor de los menos afortunados o indigentes.

La idea es maximizar la prosperidad, minimizar pobreza, y crear riqueza. Cuando las personas sufren la pérdida de sus cosechas o quedan desempleadas, los más afortunados deben ayudar. A quienes disfrutan de “buena fortuna” se les anima y persuade a acumular reservas para el tiempo de desgracias que parece llegar a todo el mundo alguna vez. El trabajo arduo, la austeridad, la inversión, el ahorro, y la compasión son conductas claves de la ética tanto personal como la aplicada a la política y a la economía para lograr el éxito y la prosperidad. Así lo resume el reverendo John Wellesly: “Gana todo lo que puedas. Ahorra todo lo que puedas. Invierte todo lo que puedas. Da todo lo que puedas.”

* Soy un español que hace 10 años vivo en Uruguay. Antes de venir a Uruguay estuve residiendo en Hong Kong y eso me ayudó a ver las actitudes y la mentalidad que se necesitan para poder traer progreso y riqueza a un país. Aunque hay multitud de aspectos que me gustan del Uruguay, creo que en esta área se necesita un gran cambio de mentalidad. En tal sentido, me sentí motivado a escribir un nuevo artículo que adjunto (basado también en el libro The Five Thousand Year Leap. Twenty-eight Ideas That Changed the World, del Dr. Cleon Skousen) para una posible publicación en su sitio web y como una contribución más a ese cambio de mentalidad.

La igualdad de derechos

13 de Noviembre de 2006. Por Secretarí­a

Por Jesús González Losada*

“El verdadero papel de cualquier gobierno es el de garantizar y proteger la igualdad de derechos, no el de pretender igualar nuestras ganancias y propiedades, o el proveernos igualitariamente a todos con las mismas cosas.”

En 1776 los padres fundadores de la Revolución Norteamericana sostuvieron en la Declaración de Independencia que algunas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Pero todo el mundo sabe que somos distintos, únicos e irrepetibles y que no hay dos personas que sean exactamente iguales. Los seres humanos son diferentes cuando nacen y manifiestan claramente habilidades naturales diferentes. Adquieren gustos y preferencias distintas. Se desarrollan escogiendo caminos diferentes. Varían en su resistencia física, aptitud mental, estabilidad emocional, en su posición social heredada, en sus oportunidades para su propia realización, en sus respuestas a los desafíos de la vida, en sus responsabilidades, calificaciones, logros, y en muchos otros aspectos que se podrían citar. Entonces, ¿en qué, y cómo podemos ser iguales?

La respuesta es que de hecho no lo somos, excepto en tres aspectos:

  1. Somos iguales en dignidad y valor ante los ojos de Dios,
  2. Ante la ley,
  3. Y en la protección de nuestros derechos.

Sólo en estas tres cosas somos iguales, y como miembros de la sociedad, todas las personas deberían tener su igualdad garantizada en dos importantes áreas:

  • Primero, igualdad ante la ley, y
  • Segundo, igualdad de derechos.

Por eso debemos distinguir entre igualdad de derechos y otras áreas donde la igualdad es imposible. Es necesario reconocer que, entre otras cosas, la sociedad y el gobierno deben:

  • Proveer igualdad de oportunidades, pero no se pueden esperar resultados iguales;
  • proveer libertad a todos por igual pero no esperar iguales aptitudes ni capacidades;
  • proveer igualdad de derechos pero no esperar igualdad de resultados en cuanto a pertenencias, riquezas o ahorros;
  • proveer una protección igual pero no esperar igualdad en cuanto a posición, rango o status;
  • proveer igualdad de oportunidades educativas pero no esperar notas o calificaciones iguales.

La experiencia histórica nos demuestra que si los gobiernos usan o mal-usan su poder para forzar u obligar a sus ciudadanos a unas condiciones materiales iguales, en forma natural volverán a ser desiguales en el mismo momento en que su libertad sea recuperada. Incluso un revolucionario marxista como Mijail Bakunin reconocía que: “La libertad, la moralidad y la dignidad humana consisten precisamente en que la persona haga el bien no porque esté forzado a hacerlo, sino porque libremente lo conciba, lo quiera y lo ame.”

Según Alexander Hamilton: “Mientras exista libertad existirá la desigualdad… pues inevitablemente resultará del ejercicio mismo de dicha libertad”. Friedrich A. von Hayek reconocía que “hay una gran diferencia entre tratar a los hombres con igualdad e intentar hacerlos iguales. Mientras lo primero es la condición de una Sociedad Libre, lo segundo implica, como lo describió Tocqueville, “una nueva forma de Servidumbre”. Con esa preocupación, Milton Friedman nos advierte que: “Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad.”

Por eso entendemos que en una sociedad abierta, la única igualdad compatible con la libertad es la igualdad de derechos, que conlleva implícita la igualdad de oportunidades.

Qué significa tener “Igualdad de Derechos”. La meta de la sociedad y de los gobiernos es proveer una “justicia igual” lo que significa, entre otros, proteger igualmente los derechos de todas las personas:

  • En los tribunales de justicia, para garantizar, proteger y asegurar sus derechos.
  • En la urna electoral, para votar por el candidato de su elección
  • En la escuela pública, para obtener su educación.
  • En las oficinas de empleo, al competir por un trabajo.
  • En la agencia inmobiliaria, para comprar o alquilar una casa.
  • En el púlpito, para disfrutar de la libertad de culto.
  • En el podio, para disfrutar de la libertad de expresión.
  • En el micrófono o ante las cámaras de la TV, para presentar los puntos de vista de los distintos asuntos de cada día.
  • En las asambleas o lugares de reunión, para asociarse y reunirse pacíficamente.
  • En las imprentas, para disfrutar de la libertad de prensa.
  • En la tiendas, para comprar las cosas esenciales o deseables de la vida.
  • En el banco, para ahorrar y prosperar.
  • En la oficina del recaudador de impuestos, para no pagar más de su justa contribución.
  • En los tribunales de herencia y testamentos, para transferir a sus herederos los frutos de los esfuerzos de toda su vida.

Un sistema realmente libre y responsable donde exista la libre iniciativa, el libre comercio, la libre empresa, el libre mercado, la libre competencia, curiosamente no estará libre de riesgos. Como no ofrece éxitos garantizados, ganancias aseguradas, privilegios, concesiones, favores, subvenciones, exenciones, subsidios, monopolios y demás, es, por eso, a menudo tan criticado, combatido e impopular. Por el contrario, ha sido muy popular (y populista) por parte de los políticos el proclamar y prometer directa o indirectamente (en forma justificada, elocuente y a menudo disfrazada) que el papel del gobierno que quieren establecer va a “darnos seguridad económica” al “distribuir” o “redistribuir” riqueza (entiéndase las ganancias de los que sí realmente crean riqueza, que no son precisamente las burocracias gubernamentales), lo que en otras palabras, y sin tapujos significa tomar de los que “tienen” y dar a los que “no tienen” con el fin de que lleguemos a ser verdaderamente “iguales”; una proposición, sin embargo, que conlleva una enorme y peligrosa falacia, que desafortunadamente sigue promoviéndose en forma irresponsable, como un dulce veneno que fomenta el conocido pecado de “codiciar los bienes ajenos” y que nos bloquea el sano juicio y el sano esfuerzo creativo para que todos podamos convertirnos por nuestros propios medios (y sin ayudas gubernamentales) en personas autosuficientes y económicamente independientes.

* Soy un español que hace 10 años vivo en Uruguay. Antes de venir a Uruguay estuve residiendo en Hong Kong (un ejemplo de libre mercado) y eso me ayudó a ver las actitudes y la mentalidad que se necesitan para poder traer progreso y riqueza a un país. Aunque hay multitud de aspectos que me gustan del Uruguay, creo que en esta área se necesita un gran cambio de mentalidad. Esta observación me quedó corroborada cuando leí un sondeo publicado en el semanario Búsqueda el mes de junio de 2004, en el que el 66% de los uruguayos encuestados mantiene una mentalidad improductiva al creer que no hay que generar la riqueza económica y piensan que sólo hay que “tomarla” y “distribuirla mejor”. Sólo un 30% de los consultados reconoce lo que es obvio, que antes de “distribuir” hay que generar y “crear” riqueza. Aunque mi actividad ahora está dedicada a la educación, me sentí motivado a escribir el articulo que adjunto (basado en el libro The Five Thousand Year Leap. Twenty-eight Ideas That Changed the World, del Dr. Cleon Skousen) para una posible publicación en su sitio web como una contribución a ese cambio de mentalidad.