Inflación y trabas sanitarias al comercio

JULIO PREVE FOLLE

Se viene un durísimo invierno, y como es natural el gobierno se preocupa por el incremento de precios en esta estación, hoy como ayer, como anteayer. De entre las medidas que se han divulgado como posibles, el Ministerio de Economía sugirió al de Ganadería dejar sin efecto las trabas sanitarias que impiden la importación de pollo así como de frutas y verduras. Se trata de un reconocimiento público de la violación que, sobre todo desde la administración anterior, se viene practicando sistemáticamente a la normativa internacional en materia sanitaria; la misma cuyo respeto defendemos y tanto necesitamos para colocar nuestros productos.

LAS NORMAS. Hay algunos principios generales que me propongo repasar a partir de lo que se recoge en el acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (Acuerdo SPS en la jerga ginebrina) aprobado cuando la culminación de la Ronda Uruguay del GATT, que dio nacimiento a la OMC (Organización Mundial del Comercio). En el conjunto de acuerdos sobre comercio de bienes, es éste tal vez uno de los más conocidos. Como principio básico establece la soberanía de los países para establecer sus propios estándares de protección para el cuidado de la salud humana, animal o vegetal. Ello no obstante, establece que las regulaciones deben contener un fundamento científico y no pueden discriminar entre países. Por otra parte, deben apoyarse en lo posible en recomendaciones internacionales divulgadas por organismos competentes, como es el caso por ejemplo de la OIE para la sanidad animal, o del Codex Alimentarius de FAO para los residuos en alimentos. Las disposiciones de protección sanitaria o fitosanitaria deben asimismo apoyarse en análisis de riesgo, no debiendo aplicarse las restricciones en un sentido de riesgo cero, equivalente a no comerciar. Hay disciplinas en el Acuerdo sobre el modo de realizar estos análisis de riesgo, de modo que los gobiernos no los eternicen con fines proteccionistas; y en cuanto a las medidas de preservación del estatus sanitario, de existir varias alternativas, se establece que deben seleccionarse las menos lesivas para el comercio. Asimismo, el acuerdo reitera reglas de transparencia y por supuesto de trato nacional, es decir de igual trato para mercaderías importadas y nacionales a la hora de establecer reglamentaciones.

Es cierto que muchos países practican diversas travesuras metodológicas para disfrazar restricciones sanitarias al comercio. Pero no es menos cierto que para un país exportador, la realización de este tipo de engañifas supone regar el árbol del que nos pueden ahorcar. En este sentido, estoy convencido que parar las importaciones de pollo de Brasil ha estado en la base de restricciones que nos han aplicado en arroz o lácteos. Es más; participé en reuniones internacionales donde esto se expuso así con todas las letras.

VIOLACIONES. Por estas razones desde siempre me he opuesto al abuso sanitario. Pero no solamente por lo que significa a mediano plazo agraviar el sistema de reglas, violando asimismo la legislación nacional. También por el tipo de beneficiarios de estas medidas. No se trata en la mayoría de los casos de productores vulnerables, al menos no exclusivamente. En el caso de los pollos se trata de una reserva de mercado también para algunas industrias que han disfrutado de un sobreprecio respecto del regional, evitándonos a los consumidores acceder a la producción más competitiva del mundo, que se coloca en todo el planeta, la brasileña. Y en el caso de las frutas y verduras el abuso ha sido grotesco, ya que la administración de las importaciones se ha realizado a través de la expedición del certificado sanitario conocido como Afidi (Acreditación Fitosanitaria de Importación) el cual se ha entregado nada menos que consultando con los competidores nacionales de quienes tienen la osadía de querer importar. Esto nos ha aislado del comercio regional, pero lo que es peor ha contribuido a recrear la opinión en productores y técnicos en el sentido de que se puede prosperar produciendo para el mercado doméstico, y que esta política puede implantarse a través de cualquier abuso jurídico, apelando a restricciones indefendibles.

La propuesta del MEF supone pues ante todo el reconocimiento público y oficial de este tipo de abusos, que deben dejarse de lado no solo en razón del invierno sino en homenaje al estado de derecho. Ya he afirmado otras veces que me importa menos el proteccionismo declarado que practicarlo a escondidas y con agravio al ordenamiento jurídico y a los compromisos internacionales, que pedimos otros honren. Bienvenido sea pues este reconocimiento, no solo por el eventual beneficio invernal en algunos precios. Sea destacado más bien como un avance en transparencia, laudando definitivamente sobre la validez técnico sanitaria que alguna vez se defendió para estas trabas.

UTILIDAD BAJA. De cualquier forma es difícil que sobre el propio invierno estas medidas tengan gran efecto, menos aún si se advierte su transitoriedad, y no se perciben como el resultado de un cambio cualitativo favorable. En efecto, nadie puede armar un negocio de importación sobre la base de reglas cuya precariedad pudiera advertirse fácilmente. Y si no se habilita la posibilidad de este negocio de modo que muchos puedan competir en él, el riesgo es que algún vivo o algún hábil negociador de Afidis, los obtenga en exclusividad, capturando totalmente una diferencia de precios entre el de importación y el doméstico. Por otra parte, de no existir la posibilidad de importación siempre abierta, desaparecería el desafío a la competitividad doméstica, que es a largo plazo el único camino sustentable de beneficio del consumidor. No obstante, si se trata del comienzo de una nueva forma de encarar las importaciones de pollo, frutas y verduras, bienvenida sea. Si fuera en cambio algo estacional, en el fondo nada estaría cambiando.

APOCALIPSIS. Cuando se prepara una situación difícil como la de este invierno, suele recordarse la figura de los cuatro jinetes del Apocalipsis, que prefiguran el fin del mundo, y que propongo como un juego literario para terminar el artículo, subrayando desde ya como es obvio, que muchos de los males que traen no son responsabilidad del gobierno.

El jinete sobre el caballo blanco lo imagino trayendo junto al frío invernal, toda su carga de precios en alza en alimentos, energía eléctrica, combustibles, tarifas, tipo de cambio, sequía. El jinete sobre el caballo rojo me sugiere los males provenientes de la maleta ideológica del gobierno, en particular el cuajado de su inicua reforma tributaria, y de la promesa de mayor gasto público; destacando dentro de éste los fondos para la educación sin contrapartidas de compromiso de un aumento de su calidad, básicamente en salarios. Sobre el caballo negro imagino discusiones invernales en torno a una reforma constitucional, al derecho de propiedad en las ocupaciones, a la independencia de la justicia o a la calidad de las instituciones.

Y finalmente no imagino nada respecto del jinete en el cuarto caballo escuálido y viejo, porque sería exagerar mucho; quien pueda entender que entienda…

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