¿A dónde emigran los frenteamplistas?
GUILLERMO C. SICARDI
¡Abajo el Imperialismo Yankee! ¡No al FMI! ¡ETA vive y lucha! ¡Viva CUBA!
Si tuviera que dar respuesta a la pregunta del título, basándome en las consignas que durante 30 años la izquierda uruguaya estampó en cuanta pared tuvo a su paso, jamás diría que un frenteamplista de buena cepa, escogería los Estados Unidos como destino para su nuevo hogar.
Si me basara en la militancia de su líder en el Hospital Filtro, tratando de evitar que terroristas de la ETA fueran juzgados por un Poder Judicial independiente en un país democrático, nunca apostaría a que un frenteamplista optara por la España neoliberal y antiprogresista de José María Aznar, como refugio para su familia.
Si embargo, la gran mayoría de ellos eligen a los EE.UU. y a España como los lugares más convenientes para desarrollarse profesionalmente y encontrar las oportunidades que aquí les son esquivas.
¡Qué paradoja!. Mientras aquí reclaman empleos públicos inamovibles, allá reclaman oportunidades para demostrar sus talentos y sus virtudes. Mientras aquí reclaman que se cierre la economía y exigen (¿a quién?) un absurdo “Rentabilidad o muerte”, allá reclaman que la abran y les den un lugar para competir.
Mientras aquí no arriesgan nada, allá se juegan hasta la ropa que llevan puesta.
Mientas aquí apuestan a la mediocridad colectivista y a repetir un pasado de fracasos, allá dan rienda suelta a su creatividad y a su esfuerzo individual.
¿Y que han hecho los neoliberales en Estados Unidos y en España para hacer de esos países destinos tan atractivos para los uruguayos y las uruguayas frenteamplistas?
Simplemente han apostado a la libertad, al respeto del derecho y a la iniciativa privada.
Con esto han logrado crear riqueza, oportunidades de desarrollo, y sobre todo una visión esperanzadora del futuro.
Los norteamericanos han sabido crear empleos, sin que el Estado sea dueño de ninguna refinería, sin ser dueños de ninguna empresa de navegación aérea, sin tener una empresa de telefonía, sin suministrar energía eléctrica, sin dar préstamos hipotecarios y perder 350 millones de dólares por año, y sin tener, entre otras tantas cosas, una fábrica de whisky caro y ordinario.
Es increíble que los ciudadanos norteamericanos, que no son dueños de ninguna empresa, sean mucho más ricos que nosotros, que somos “dueños” de tantos “entes”, que son “estratégicos”, que nos hacen más “soberanos”.
No quiero imaginar lo que debe sufrir un frenteamplista viviendo en New York o en Madrid. Al desarraigo de cualquier emigrante, se le suma el hecho de integrarse a vivir en esa sociedad “burguesa”, rodeado el día entero de “neoliberales”, de “explotadores” y de “imperialistas” a los que tanto odian, pero a los que no dudan en lavar sus copas.
¿Dónde quedaron sus tan declamados principios, sus ideales de justicia social, sus radicalismos y sus utopías? Creo que sus valores panfletarios los dejaron en la puerta de Macy’s o de El Corte Inglés, ya que les ocupaban mucho lugar y no podían llenar en el carro de confort y de deseos realizables.
Eso es lo que van a buscar lo frenteamplistas, aunque no tengan el coraje de decirlo.
Y allí encuentran confort, oportunidades y esperanza, porque también allí encuentran la LIBERTAD imprescindible para construir su futuro. Libertades políticas sí, pero también libertad económica. Libertad para abrir una farmacia, sin importar si hay otra en la esquina. Libertad para contratar buenos empleados y libertad para despedir a los haraganes. Libertad para decidir a quién le compro la nafta y a quién el servicio de teléfono. Libertad para arriesgar y libertad para ganar. Libertad para elegir y responsabilidad para convivir.
Esta es la manera en que ellos logran, no sólo darle empleo a sus ciudadanos, sino también a millones de inmigrantes de las más diversas culturas, religiones y costumbres, provenientes de países tan remotos como ignotos, tal cual uno muy pequeño llamado Uruguay.
¿No ha llegado la hora de que sentemos aquí y ahora las mismas bases donde construir nuestra prosperidad? ¿No es el momento de emprender un vigoroso camino hacia la libertad y recorrerlo con determinación, entusiasmo y sin mirar ni un segundo hacia atrás?
Los votantes frenteamplistas, no sus dirigentes, no son conscientes del daño que nos hacen y que se hacen a sí mismos cuando recorren el “camino largo” para juntar firmas para un plebiscito, cuando se niegan al cambio, cuando defienden intolerables cotos de privilegio.
Los frenteamplistas no emigran a la Cuba socialista, que tanto aman.
No van con sus familias y sus hijos a instalarse a la zona que controla la guerrilla de las FARC en Colombia. Ellos no hacen eso, ni siquiera lo sueñan.
Pero aquí sí sueñan con esas utopías irrealizables, pero no son capaces de concretar nada positivo y duradero. Juegan con un futuro idealizado, pero no se comprometen con la cruda realidad del presente.
Al hablarnos de sus fantasías de un mundo perfecto (al que nos quieren convencer se llega por un atajo sin esfuerzos), simplemente nos distraen, nos engañan y algunos de ellos hasta nos mienten deliberadamente.
Pero cuando de salvar su pellejo se trata, dejan sus discursos y sus pancartas en el “paisito” y saben bien hacia que fronteras guiar sus destinos. Conocen bien la ruta a seguir. Y conducen ordenadamente por el carril de la derecha. Saben que por allí llegarán seguros.